Clint Watts, exagente del FBI y experto en ciberseguridad, explica en su libro Messing with the Enemy: Surviving in a Social Media World of Hackers, Terrorists, Russians, and Fake News (Harper, New York 2018), el porqué las personas que opinan y/o se informan a través de las redes sociales son cada vez más tontas.

Watts explica que hasta los primeros años de las redes sociales, la élite tecnológica y académica dominaba el Internet, y sus integrantes fueron los primeros en suscribirse a las redes sociales. Desde mediados de la década de los 90 y hasta finales de la primera década del siglo XXI, quienes creaban y moderaban los contenidos de foros, blogs y salas de chats eran los privilegiados con acceso al internet y a un costoso teléfono inteligente, personas más educadas y experimentadas que, colectivamente, eran más inteligentes que los demás miembros de la sociedad. Entonces el Internet y las redes sociales eran vistas como elementos de unión y progreso. Hoy son usuarios los que tienen un teléfono celular y una cuenta de Facebook, Twitter, Instagram y son muy diferentes a los de hace solo una década.

Y si al principio el Internet unió a las personas, ahora las redes sociales las han separado, creando lo que Watts denomina “burbujas de preferencias”, que resultan no solo de los algoritmos que les dan a las personas más de la información que quieren, sino también de la que eligen en su mundo virtual, que cada vez está más alejado del mundo físico o real.

Las burbujas de preferencia están conformadas por personas que piensan igual y que fortalecen sus creencias conforme estas sean endosadas por los demás a través de cientos y hasta miles de retuits, likes (me gusta) y clics.

Watts lo explica: “Cuando los usuarios ven información que confirma sus creencias y les gusta, la comparten y la discuten. Las redes sociales crean sutilmente un sesgo de confirmación a gran escala: la tendencia a buscar o interpretar información de una manera que confirme creencias o preferencias previamente existentes”.

Un usuario confía en quien le envía información que fortalece sus creencias u opiniones, sin importar que ésta sea precisa o no, y la comparte con otros dentro de su burbuja. Al hacerlo se diseminan noticias y datos falsos que las personas dan como ciertas.

Cuando los usuarios encuentran información que va en contra de lo que prefieren o desean, bloquean al que la transmite y muchas veces lo enfrentan, agreden, descalifican o insultan.

Y así crece la polarización que cada vez divide más a las sociedades del mundo entero.

Watts resume lo anterior: “La búsqueda incesante de preferencias convierte a las multitudes inteligentes en muchedumbres tontas, lleva a la selección de ficciones preferidas sobre hechos reales y crea un entorno en el que los humanos tienen acceso a más información que nunca, pero en realidad comprenden menos sobre el mundo físico (...) las multitudes son cada vez más tontas por las que ahora se denominan preferencias”.

Quienes deseen entender el funesto papel que hoy juegan las redes sociales harían bien en leer el libro de Clint Watts. De paso entenderán por qué los populistas y los demagogos están destruyendo hasta las democracias más avanzadas en países habitados por ciudadanos cada vez más tontos.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.

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