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Opinión

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Los mexicanos y Top Gear

El pasado martes cometí el error de escribir aquí en la sección Oí por ahí un chiste de gallegos, me lo platicaron, lo consideré gracioso y lo compartí con los lectores. El doctor Jorge Pasquel, lector de esta columna y maestro universitario, me envío un correo electrónico donde me hace una llamada de atención sobre el prejuicio de tinte xenófobo que manifiestan este tipo de chistes.

Tal vez pude evitar el tufo a xenofobia del chiste -que no inventé, sino como dije me contaron- si el protagonista del mismo hubiera sido un tonto, sin nacionalidad específica, de los que abundan en cualquier parte del planeta.

¿Perdería efecto el chiste si no fuera protagonizado por un gallego? No. Pero el que me lo contó comenzó diciéndome: Te voy a contar un chiste de gallegos , con lo cual incurrió en el lugar común, en el cliché vigente en los últimos 25 años, que muestra a los nativos de Galicia como carentes de inteligencia o de escaso entendimiento. Por supuesto que la realidad desmiente al cliché, dicha región de España ha dado al mundo inteligencias supremas como la de los escritores don Ramón del Valle Inclán, creador del esperpento literario, y don Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura 1989.

Los clichés, los estereotipos: imágenes preconcebidas y aceptadas por una comunidad, siempre han sido motivo de chistes. Algunos de los chistes que ahora se le achacan a los gallegos los escuchábamos en México aplicados a los yucatecos en los años 50. Es más, el encargado de difundir estos chistes, a través de la Cine Revista -especie de noticiero fílmico que pasaban en los cines, lo que se conocía como cortos-, fue un ilustre yucateco don Humberto Cahuich que con esto demostraba que el verdadero sentido del humor comienza con el escarnio a nosotros mismos.

Desconozco de dónde proviene el prejuicio -que no comparto aunque haya caído en él cuando transcribí el chiste de referencia- de que los gallegos son tontos. Lo que sí sé es que los chistes que aquí adjudicamos a los de Galicia en España han sido transferidos a los oriundos de Lepe, población perteneciente a Huelva, Andalucía, que tiene el mayor ingreso per cápita de todo ese país.

El chiste étnico indica la forma en la que se esteriotipó al otro, o sea que es exactamente lo contrario al modelo que hemos construido de lo aceptable y de lo que nos gusta. De esta forma estamos exigiendo algo que nosotros mismos somos incapaces de cumplir. Aquel al que excluimos es distinto de nosotros, por eso proyectamos en él nuestros vicios y perversiones , afirma Samuel Schmidt en el prólogo de su libro Chistes Étnicos. La risa de todos contra todos. Continúa don Samuel: No obstante, en ocasiones pienso que con el chiste étnico tratamos de separarnos de nuestros congéneres, porque somos tan parecidos a ellos que nos duele reconocer que cojeamos del mismo pie (...) . Tal vez si nos diera un ataque de sinceridad nos pondríamos como sujeto del chiste y veríamos que nos queda como camisa hecha a la medida (...) .

En su recomendable libro, Samuel Schmidt consigna chistes generados con base en los estereotipos que en todo el mundo abundan. Los chistes sobre la tontera de los gallegos que contamos en México y que en España cuentan de los de Lepe, en otras regiones del mundo se les asigna a los polacos: ¿Por qué la vieja polaca se ligó las trompas? Porque pensó que seis nietos eran demasiados. El desmedido ego y la alta autoestima que percibimos de los argentinos ha dado lugar a chistes como éste: En clases de religión le dijeron a un argentino: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. A lo que respondió: ¿Tanto? En México es proverbial la inclinación al ahorro de los regiomontanos que han sido destinatarios de chistes que ven esta cualidad como defecto. Lo mismo ocurre con los escoceses en el Reino Unido y en España con los catalanes: ¿Qué diferencia hay entre un vasco que con la edad se queda calvo y un catalán al que le pasa lo mismo? Que el vasco se compra una boina y el catalán vende el peine. Pero los chistes étnicos -eufemismo de racistas- más crueles son aquellos cuyo detonante que mueve a la risa está asentado en el hambre, la pobreza que hace emigrar o el color de la piel. Pondré un ejemplo de cada uno de estos casos, no sin antes advertir al lector que el hecho de transcribirlos no me convierte en intolerante discriminador: ¿Cuál es el animal más rápido del mundo? Una gallina atravesando Somalia. ¿Cómo se vacía de gente un Walmart en Los Ángeles, California? Alguien dice por el sonido local: Ahí viene la migra . ¿Qué es una negra embarazada de un blanco? Un Kinder Sorpresa.

Top Gear

Lo escrito anteriormente me sirve para introducir el tema que ha causado polémica y desgarramiento de las vestiduras nacionalistas en la última semana. Jeremy Clarkson, Richard Hammond y James May, conductores de un programa de televisión de la BBC, llamado Top Gear, dedicado a hacer comentarios sobre automóviles en tono de humor, presentaron el Mastretta MXT, auto deportivo fabricado en México por el ingeniero Daniel Mastretta.

Los tres comentaristas precitados cayeron en el error de basarse en el estereotipo que tienen del mexicano para decir que el auto, al que apodaron la tortilla, por ser de origen mexicano tendría como principales características el ser flojo y flatulento , con este calificativo se pasaron de lanza, ¿a poco ellos no expelen gases digestivos? O a lo mejor los expelen embotellados.

También arremetieron contra la comida mexicana, a la que le atribuyeron la calidad de vómito frito con queso encima . Esto revela la ignorancia de los conductores de Top Gear, que no saben que nuestra cocina ha sido declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) patrimonio de la humanidad. El prejuicio de que nuestra comida es de difícil digestión, no obstante el reconocimiento de la UNESCO, prolifera en el mundo. En Estados Unidos cuentan este chiste: ¿Cuál es el digestivo más popular en un restaurante mexicano? Kaopectate.

Como si lo dicho por tres ignorantes jocosos de la tele lo hubiera manifestado el Primer Ministro británico, los mexicanos, que al interior de nuestro país nos autodenigramos pero que no soportamos la menor de las críticas que vengan de fuera, nos hemos sentido agredidos por esta afrenta a nuestro honor patrio. Que sea menos, digo yo. El tono del programa es el humor y éste debe ser -sine qua non- implacable. Vi una emisión de Top Gear donde se burlaban nada menos que de la Reina Isabel II. Dijeron que ésta es tan fea, tan fea, que el Príncipe Felipe le era infiel con un Rolls Royce.

Si acaso nos debe de preocupar es cómo nos perciben los tres comentaristas -y como ellos millones de personas en el mundo-. El estereotipo de que somos un país de flojos debemos borrarlo demostrándole al mundo nuestros auténticos valores, los tenemos de manera abundante. No por nada en nuestra geografía se dio una de las cinco civilizaciones originales que en el mundo han sido. Somos un pueblo que trabaja, a pesar de las adversidades, entre éstas los gobernantes que hemos padecido. Tenemos sensibilidad e inteligencia, muestra de ello nuestros artistas, principalmente pintores y escritores. En cuanto al epíteto de flatulentos, diré como decía mi abuela: El que lo huele debajo lo tiene . A esta condición no existe ser humano que escape. El que esté libre de pedo que arroje la primera piedra.

En última instancia queda el recurso de decir el que se ríe se lleva y hacer una breve semblanza de mi percepción sobre los ingleses: El otrora famoso humor flemático -inteligente, tranquilo e impasible- de los ingleses rueda por los suelos cuando vemos que éstos se ríen de chistes escatológicos de la peor ralea. Además, diré, que a pesar de la globalización los británicos persisten en su terca manera de manejar automóviles con el volante del lado del pasajero. También los percibo como tontos de capirote al mantener -en los albores del siglo XXI- una institución que debieran abolir: la Monarquía, que les acarrea vergüenzas internacionales y un gasto exorbitante. Y, por falta de espacio, no hablaré de su pasado de piratas y saqueadores.

Oí por ahí

El peligro de ir a Cancún es que Ana Bárbara te atropelle y Kalimba te recoja.

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