Es posible que Portugal habría podido enfrentar de mejor manera su crisis crediticia si desde hace algún tiempo su clase política hubiese reconocido lo inevitable de tener que admitir el fracaso financiero y aceptar la ayuda internacional.

Pero no, la apuesta fue pretender que ellos podían solos, que el mundo confiaría en su capacidad de superar sus dificultades. Lo único que sucedió es que el Primer Ministro tuvo que presentar su renuncia ante la falta de capacidad de su gobierno de negociar un acuerdo de austeridad que creyeran los mercados.

Al final, Lisboa no tuvo más remedio que aceptar un paquete de ayuda que resultó tardío, más caro y no necesariamente la solución final de sus problemas financieros.

Grecia es una historia más dramática. Enfrenta la violencia interna como consecuencia de las medidas de austeridad y la violencia financiera en los mercados como resultado de las enormes dudas de su viabilidad económica.

Este país está tan desesperado por salir de su crisis que desde el año pasado puso a la venta algunas de sus islas para tratar de conseguir dinero.

Entre chinos y rusos, principalmente, los griegos pusieron a la venta pedazos de Mykonos y Rodas para conseguir dinero. Ni siquiera así han logrado salir adelante.

Con las calificaciones crediticias poniendo el papel de su deuda a nivel de basura es muy difícil que el país helénico logre romper ese círculo vicioso. Pero la tragedia griega no es un asunto local, se convierte en un tema definitivamente europeo y, sin dudarlo, de importancia mundial.

Por lo pronto, la experiencia reciente nos dice que cada vez que se especula de un préstamo adicional y las autoridades locales lo niegan, lo que sigue es que sepamos que se confirma.

Y ahora otra vez los europeos están en esa discusión: dejar a Grecia a su suerte, con la posibilidad de que pudiera declararse en default o volver a sacar la chequera para extenderle al menos otros 60,000 millones de euros para que la siga pasando.

Y es que no sólo necesita garantizar los vencimientos del 2012 y el 2013 por 57,000 millones de euros. También necesitaría conseguir más tiempo para pagar lo que ya le prestaron tanto la Unión Europea como el Fondo Monetario Internacional previamente, algo así como 110,000 millones de euros.

Los primeros que se oponen a una chequera sin fondo son los alemanes que piden resultados de sus programas de ajuste antes de volver a despachar otro envío de dinero.

Al final, lo que está en duda no es si Grecia quebrará o si Portugal logrará mantenerse a flote sin llevarse a España entre las deudas. Lo que ven los mercados es una falta de organización y de resultados dentro de la Unión Europea, lo que pone en entredicho a todo el bloque.

Porque mientras Alemania sorprende con crecimientos fuertes y una ruta al pleno empleo, Francia nada en un espacio neutro, pero España vive la crisis social del desempleo. Los italianos cuentan con sus propios demonios.

En fin, un bloque que cruje y que podría acabar por fracturarse por la parte más débil de la fórmula: su moneda.

La primera piedra

Mucho cuidado de no irse con la finta de los números en esta temporada. Ya hay quién mordió el anzuelo y reporta a ocho columnas una baja drástica en la producción de autos durante abril, como si se tratara de la antesala de una nueva recesión económica.

Es verdad que la producción de autos decreció 10.4% durante abril, comparado con igual mes del año pasado. Pero en el dato hay al menos un par de asuntos que tomar en cuenta.

El primero es que por estas épocas se atraviesa la Semana Santa. Este año cayó en abril y el año pasado en marzo, lo que le resta días laborables al cuarto mes del 2011, en comparación con el 2010. Así que la comparación es negativa.

Además, en este dato está el impacto en la cadena de proveeduría de autopartes desde Japón. Las armadoras japonesas establecidas en México bajaron su producción en más de 30 por ciento.

La evidencia de un buen resultado del sector automotriz está en el aumento en las exportaciones.

Vale la pena tomar en cuenta esta experiencia para cuando lleguen los datos industriales y de otras actividades, porque no faltará quien quiera tomar las cifras para hablar del apocalipsis económico.