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Opinión

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Los hijos de Arturo Montiel

Estuve hospitalizado la semana pasada, de ahí mi ausencia en El Economista y mi alejamiento de la vida en general. No tuve interés alguno en darle seguimiento oral, visual o escrito al acontecer humano.

Nadie que esté recibiendo suero y sustancias para estar relajado tiene ganas de leer ni siquiera su parte médico.

La falta de vigor que pensé desaparecería con el advenimiento del alta hospitalaria se ha prolongado más allá de ésta. Ayer, domingo, traté de echarle ganas en busca de una idea para la columna que ahora escribo. Repasé algunas publicaciones dominicales que estoy seguro que si las patentan como soporífero serían un éxito. Sólo llamó mi atención un reportaje más de la premisa, digna de una telenovela, cuyas sustancias son la venganza, la soberbia, el cinismo, el poder y el desamor. Esta vez el escrito correspondió redactarlo a Jenaro Villamil y fue publicado por la revista Proceso; su título: Dados cargados a favor de Montiel. El fondo del asunto me interesa, razón por la que vengo dándole seguimiento de un tiempo para acá: me concierne y siento gran ternura por la más patética de la víctimas: el niño Alexi, de 8 años, con un padecimiento de autismo –tribulación sensible a mis circunstancias personales-; tal vez por ello no puedo entender cómo un hombre –Arturo Montiel- puede hacerle tanto daño a un hijo al que dice amar.

Terminaba Montiel su primer año como gobernador mexiquense cuando se presentó como corresponsal del Paris Match, Maude Versini, quien le pide una entrevista y éste se la concede con la intención de pedirle algo a cambio –dando y dando-; Maude es una mujer distinguida sin ser una gran belleza, pero que los rescoldos malinchistas del de Atlacomulco idealizan a la altura del arte.

Maude confesó que bastó una entrevista para salir deslumbrada por Arturo, que para entonces estrenaba dentadura. Por su parte Montiel que –esto es una mera especulación de quien escribe- ya le había metido la mano a la caja de caudales del erario, quiso meterle la mano a la francesa. Y comenzó un romance entre la Versini y Raturo –este nombre lo va a encontrar usted constantemente en este escrito porque yo soy disléxico y él cleptómano.

Como 95.50% de los hombres casados que empiezan a noviar con otra mujer, Montiel le dijo a Maude el viejo truco de que vivía con su esposa Paula Yañez, pero sólo para no traumar a los hijos del matrimonio, el menor de los cuales es dos años mayor que la francesa, pero que ni se hablaban ni dormían juntos.

En enero del 2002, don Raturo viajó a la Ciudad Luz en busca de inversiones para la entidad a la que gobernaba; como nadie quiso invertir 1 euro, dado que para entonces ya había trascendido la inversión de roles en el Edomex: los seres humanos, concretamente el señor Montiel, se había convertido en rata; el Mandatario aprovechó el viaje para pedirle matrimonio a la señora Versini justamente bajo el Arco del Triunfo, lugar que simbolizaba por donde se pasaba Raturo los pactos y las leyes.

La boda fue memorable en la casa que para entonces -¿ladrónde?- ya tenía el Gobernador en Valle de Bravo. En la euforia que sólo produce el enamoramiento mezclado con el poder, una serie de construcciones generadas durante la etapa final del periodo gubernamental de Raturo Montiel fueron bautizadas con el nombre de Maude Versini de Montiel, quien fue nombrada Presidenta del DIF del Estado de México. Parece ser que un hospital para la mujer y una glorieta llevaron el nombre de la francesa, porque ahora nadie sabe decir bien a bien cómo se llamaron las obras: ahora el hospital lleva el nombre de Liliana Arriaga La Chupitos y la glorieta el de Sandra Ávila Beltrán La Reina del Pacífico.

En marzo del 2004, Maude se convirtió en mamá de los mellizos Sofía y Adrián y el 21 de julio del 2005 nació Alexi. Luego vinieron los problemas familiares y hace 22 meses que la señora Versini no ve a sus tres hijos de 9 y 8 años, los cuales viven con el padre, pero como cualquier persona con sentido común sabe, en éste periodo de su vida los niños necesitan más a la madre, sobre todo Alexi, el pequeño autista.

Sin embargo, en un acto de prepotencia inaudita, Raturo no deja que sus hijos vean a su madre y con eso demuestra tener cómplices en todos niveles. La señora Versini solicitó ayuda a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y desea la intervención del presidente Peña Nieto, a cuya esposa, Angélica Rivera, le envío una carta que le devolvió abierta pero sin sello de recibida.

No quiero terminar la entrega de hoy, que pienso continuar, sin rendir un sincero homenaje a Roberto Madrazo, el hombre quien, en un golpe de mano, tomó un atajo y, antes de que lo acusarán a él, acusó a Raturo de presunto enriquecimiento inexplicable, con propiedades de lujo en México, Francia y España, cuyo valor rebasaba los 6 millones de dólares y lo eliminó en la carrera por la Presidencia del 2006.

¡Gracias don Roberto! ¿Se imaginan el alma podrida que necesita tener un hombre capaz de negarles a sus hijos la presencia de su madre nada más por soberbia y poder?

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