Frecuentemente se discute qué estímulos funcionan mejor aprender: si aquellos positivos que representan una recompensa o los de carácter negativo que representan un castigo.

Distintas investigaciones han probado que, tratándose del proceso de aprendizaje, las personas respondemos de manera diferente en función del contexto en el que se presentan las decisiones y si como consecuencia de las decisiones tenemos respuestas positivas o negativas, como estímulos de recompensa o castigo.

Tratándose de decisiones que involucran la pérdida o ganancia de dinero, los resultados pueden afectar la confianza que las personas tienen en sus propios procesos de decisión.

En la investigación Contextual influence on confidence judgments in human reinforcement learning, de Lebreton, Bacily y otros, se encontró que las personas se vuelven más confiadas en sus decisiones, incluyendo las financieras, cuando el proceso de aprendizaje está asociado a recompensas, respecto de aquellas en que el aprendizaje genera castigos o pérdidas monetarias.

En el estudio se sometió a las personas a distintas pruebas, que mostraron que la habilidad para aprender, estadísticamente es la misma cuando los participantes aprenden a buscar ganancias, que cuando aprenden para evitar pérdidas. Sin embargo, los participantes terminan siendo más confiados de sus decisiones, cuando estás involucran la potencial recompensa monetaria, que cuando sus decisiones están asociadas a evitar pérdidas.

Ello que en principio parecería favorable, pero provoca que, en algunos casos, ese incremento en la confianza hace que las personas sobreestimen su capacidad para tomar decisiones adecuadas.  Por el contrario, cuando el experimento estaba centrado en evitar pérdidas, las personas tienden a dudar más de sus propias decisiones, pero simultáneamente tienden a evaluar mejor sus procesos de decisión.

En una segunda fase del experimento, aquellos participantes que habían aprendido en la primera fase en un entorno de recompensa económica y que ahora se enfrentan a decisiones con potencial pérdida, mostraron mayor dificultad en adaptarse a este cambio de entorno y a ajustar su proceso de decisión para evitar pérdidas.

Por el contrario, aquellos que en la primera parte del experimento habían enfrentado decisiones con consecuencias negativas de pérdida, identificaron más rápidamente el cambio de entorno y fueron más flexibles en el proceso de las nuevas decisiones; en este caso, orientadas a la recompensa.

De acuerdo con los investigadores, una de las razones de este comportamiento está asociado a un fenómeno evolutivo, que hace más proclives a que las personas que se han enfrentado a un peligro, tengan que adaptarse más rápido a cambios de entorno, ajustando la forma en la que deciden; mientras que, las personas que han aprendido en entornos estrictamente de recompensa, tardan más tiempo en reconocer que el entorno es negativo.

Esta investigación que podríamos pensar es absolutamente conceptual y que poco tiene que ver con nuestras decisiones cotidianas, refleja en gran medida la forma en la que enfrentamos decisiones económicas en entornos volátiles y complejos como los que hoy vivimos en nuestro país.

Hoy, que enfrentamos un entorno de inflación creciente, cuyos límites aún no quedan claros, de volatilidad e incluso depreciación del tipo de cambio, de incertidumbre respecto de la capacidad y velocidad de la recuperación económica; las personas (en los hogares y en las empresas), debemos reaccionar más rápido, si queremos evitar tomar decisiones que provoquen afectaciones negativas de más largo plazo.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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