Con Miguel de la Madrid, el poder de los economistas se divide entre Hacienda con Silva-Herzog y Programación y Presupuesto con Salinas. Desde un inicio se dieron luchas entre estos dos grupos que trabajaban para la candidatura presidencial de sus jefes. El presidente mantuvo al Consejo de Asesores Económicos, dirigido por Leopoldo Solís y Herminio Blanco, pero con un perfil bajo. Salinas integró a numerosos economistas a quienes les dio importantes cargos. Uno de ellos fue José Córdoba, con quien desarrolló una cercanía de alter ego, y quien tuvo una gran influencia ya una vez siendo Salinas presidente.

El sexenio finalizó en 1988 con una gran crisis de finanzas públicas, deuda externa y elevada inflación . Pedro Aspe y Córdoba lideraron en la campaña del candidato el armado de un plan de estabilización y de renegociación de la deuda externa que implementaron al iniciar la presidencia de Salinas. Éste era considerado un tecnócrata que hace la metamorfosis a político, al ser el primer presidente economista. Dio un rol relevante a los economistas como nunca lo habían tenido en el gobierno. Mantuvo durante todo su mandato a Aspe en Hacienda y a Córdoba le dio un cargo de gran influencia como jefe de la Oficina de Presidencia. Estos dos personajes y sus equipos habrían de mantener durante todo el sexenio una lucha de poder y de egos. Aspe se rodeó de ilustres economistas del ITAM, a quienes empoderó: a su maestro Gil Díaz, su pupilo Luis Téllez y sus respectivos grupos. En la secretaría de Comercio, armó un sólido conjunto de varias universidades para negociar con éxito el TLCAN: Jaime Serra, Herminio Blanco, Luis de la Calle, Raúl Ramos y Jaime Zabludovsky. A otros economistas les dio puestos políticos en el gabinete: Zedillo en Educación Pública; Emilio Lozoya en Energía; María Elena Vázquez Nava en la Contraloría; José Ángel Pescador en Educación, y Patricio Chirinos y luego Colosio en Desarrollo Social.

A economistas de la vieja guardia también los incorporó: a de la Vega Domínguez en Agricultura y Silva-Herzog en Turismo. Escuchó mucho a Mancera y los técnicos del Banco de México. A tres ilustres economistas que desde el gobierno anterior venían colaborando con él y a quienes había mandado de diputados los hace gobernadores de sus estados: Manuel Cavazos (Tamaulipas, 1993), Sócrates Rizzo (Nuevo León, 1991) y Rogelio Montemayor (Coahuila, 1993). Con esto culmina la transición de tecnócratas a políticos. Sin embargo, el sexenio de Salinas finalizó en una profunda crisis financiera y cambiaria. Por su efecto de contagio global y atribuida al llamado “error de diciembre”, esta crisis desprestigió a los economistas. Zedillo inició así un gobierno complicado, enfrentando muchos desafíos.