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Opinión

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Los economistas

A los presidentes, a sus errores, ambiciones y sorderas deben atribuirse los tropiezos de nuestra economía, Salinas incluido, Zedillo excluido.

Cuando invité a Gabriel Zaid a la Comida de Economistas de Banamex me dijo que no tenía tiempo para perderlo, mejor hubiera confesado que esos profesionales le provocan repelús, como se deduce de su artículo en Reforma (27-XII-09), Los economistas en el poder .

Buen archivo el suyo, se apoya en citas de The Economist de 1979, 1993 y 2009. Tiene razón: en países desarrollados y, sobre todo, en los no, ya que éstos sufrieron la crisis sin tener que ver en su gestación, debieron haber prendido los focos de alarma, si alguno lo hizo está visto que no le hicieron caso.

¿Por qué no advirtieron la catástrofe? También personajes de calibre mayor, estadistas, asesores, reguladores y funcionarios públicos, mal pudieron haberlo anunciado los directamente culpables que colmaron su bolsillo, banqueros, negociantes y operadores, léase manipuladores, con instrumentos financieros.

La explicación es una mezcla de factores que siempre coinciden en situaciones similares: una extraña confianza en que aquí no pasa nada, la inercia, la codicia, la fantasía, o decir, el problema es de otros.

No discuto la legitimidad de la economía matemática, nacida en los albores del siglo dieciocho, superaal razonamiento ordinario en precisión y seguridad.

Es falsa la oposición concepto vs número, valen igual, el segundo casi no aparece en el magno Bussiness Cycles de Schumpeter, ni en Gide, Rueff, Robbins, Pigou o Galbraith, mas es indispensable: tal fue la inflación, tal el crecimiento. Lo malo es no ver más allá de la cifra, de la elegante lucubración con ecuaciones, de la estadística… y perder de vista el bosque.

Dice Zaid que el milagro económico mexicano fue destruido por los economistas. Equivocado. Sus autores no fueron economistas. Sus demoledores, ruina que perduró muchos años, fueron abogados. Desde Ruiz Cortines, tres secretarios de Hacienda estudiaron leyes y 10 Economía, carrera, esta última, de dos mandatarios solamente. A los presidentes, a sus errores, vanidades, ambiciones y sorderas deben atribuirse los tropiezos de nuestra economía, Salinas incluido, Zedillo excluido, sólo dos mandatarios economistas. Y, claro, a golpes externos.

Prueba de la capacidad de los hijos de Adam Smith es su éxito en negocios privados, con uso de relaciones e información privilegiadas, si no lo tuvieron en los públicos fue por culpa de sus jefes.

parroyo@eleconomista.com.mx

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