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Opinión

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Los altos costos del corporativismo gremial, el caso de Luz y Fuerza del Centro

Sin Fronteras Por: Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Hace unas semanas abordamos el tema de la seguridad social desvirtuada. Expusimos cómo el Sindicato de Trabajadores del Seguro Social ha convertido al IMSS en un mecanismo de transferencia de riqueza de millones de contribuyentes y usuarios a sus agremiados, de paso haciéndolo inviable financieramente.

El caso de Luz y Fuerza del Centro (LFC) es otro ejemplo de las distorsiones en materia laboral y política que actúan como freno de mano a la competitividad y desarrollo de nuestro país.

México debe modernizarse y dejar el añejo corporativismo gremial, que consiste en luchar por beneficios para unos cuantos a costa de toda la sociedad. Los números no mienten.

De acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2009 (PEF 2009), LFC generará alrededor de 47,000 millones de pesos de ingresos propios.

Sin embargo, sus costos son muy superiores, ya que gastará 59,000 millones de pesos tan sólo en adquirir y distribuir energía a más de 5 millones de usuarios.

Adicionalmente, LFC tiene presupuestado gastar 25,000 millones de pesos en los sueldos, prestaciones y pensiones de casi 45,000 empleados y 23,000 jubilados, comparado con sólo 6,000 millones de pesos que destinará a inversión en infraestructura en el 2009.

Estos números arrojan un déficit de aproximadamente 35,000 millones de pesos que es cubierto por una partida directa de gasto en el PEF.

El elevadísimo gasto en pensiones y jubilaciones se debe a que los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) cuentan con una serie de conquistas laborales que tienen un costo absurdo para los usuarios de LFC y los contribuyentes.

Por ejemplo, los trabajadores de LFC pueden jubilarse sin mínimo de edad y contar con una jubilación que resulta en un ingreso superior al último salario percibido en hasta 50 por ciento.

Asimismo, cuentan con un subsidio que les exenta del pago por consumo de energía eléctrica en sus hogares por los primeros 350kw/hora.

Otro ejemplo de la prehistoria en la que vive el SME, es que sus trabajadores tienen que ser pagados con efectivo contante y sonante , por lo que en lugar de recibir una transferencia electrónica o un cheque cada quincena, reciben un sobre con billetes, lo cual además de ser ineficiente se presta a la corrupción.

A pesar de los ceremoniosos contratos de productividad que se han firmado entre la paraestatal y el SME, las pérdidas de energía eléctrica de LFC superan 30%, es decir, casi una tercera parte de la energía que distribuye no se cobra, mientras que para la CFE esta cifra representa menos de 10 por ciento.

¿Tendrán los partidos políticos el valor de enfrentar la grave realidad del corporativismo gremial en México y los altísimos costos que éste implica para el desarrollo de nuestro país?, ¿seguirán los líderes de los partidos en las cámaras abogando por los grupos de interés o empezarán a luchar por verdadera modernización de

nuestro país?

Si nuestros gobernantes quieren actuar por el bienestar de toda la población y no sólo por el de los que hacen más ruido y bloquean más calles, deben tener el valor y la determinación de acabar con las prebendas y privilegios bajo los cuales se esconden la ineficiencia, la corrupción y el atraso.

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