_ ¿Y Lopitos? ¿No lo ves al desgraciado?

_ No, y ya no me hables que no somos amigos.

_Ni quien quiera ser tu amigo. Pero creo que ahora sí ya nos ganó el méndigo Lopitos.

_Pues oríllate, y de una vez por todas deja de estorbarme.

_Ni soñando, méndigo Canallín, ahora sí ya te gané, ahora nomás falta pasar a ese re canijo viejo. Pero ya entré en ritmo. Si acelero en la bajada, más la inercia del viento, la altura, el peso, las oraciones, el guachicol que me pasó el chino hidalguense y la buena vibra, fácil le gano.

-No pues sí, cómo tú dices: “¡¡eres un genio!!”. Si no desbocas. Es más, ni tragas ni dejas tragar. Ya te dije que les voy a ganar a los dos y tú y el copetón de tu jefe (el actual campeón) me las van a pagar. Si en el encuentro que tuvimos en los pits te me escurriste entre El Cuaco y el Lopitos ese, nomás que gane me las pagas; te voy a embodegar un rato a ver si así subes de precio porque después de esta carrera vas a quedar devaluado. En Mérida te salvó La Tristeza y El Perro Bermúdez, pero ahorita estamos solos.

_Cállate y deja de ensuciar mi retrovisor con tu carota paliducha. Igual y te la parto ahorita.

_ ¿Quién me la va a partir?

_ Yo mero.

Ese fue el diálogo que se escuchó entre Pepe TonyEl  Irlandés y Ricky El Gallo Blanco cuando salieron de la última y tercer estancia en la zona de pits, allá en tierras yucatecas.

Lo que pasa es que a la gente de Don Lencho Donelli, árbitro de esta carrera y de jefe de bandereros, se le olvidó quitarles los micrófonos y todo se escuchaba desde los monitores instalados en el autódromo.

Pepe Tony le ha dado por meter el acelerador a fondo, pero nomás como que sólo hecha más humo, y Ricky acelera y acelera y tampoco desboca, además le ha comenzado a doler la cicatriz que trae en el antebrazo, recuerdo del encontronazo que tuvo con Chalecito Azul (luego morado y luego nada) en la carrera interna de la escudería celeste.

Mientras, la llamada prensa especializada del automovilismo nacional descarta ya algún tipo de estrategia para que el corredor independiente fichado por la escudería Escarlata Motors en asociación con Tucán Rémora Motors y el equipo turquesa y Ricky El Gallo Blanco sumen fuerzas y alcancen a Lopitos, El Molido Solitario.

Sin embargo, esto no se acaba hasta que se acaba. Hay quienes dicen y aseguran que en la bajadita de estas últimas ocho vueltas todo puede pasar. Que hay algo así como 6 millones de operadores escarlatas en el país que colocan todo tipo de obstáculos en el camino de Lopitos para que, aprovechando que anda más confiado que un perro de rico, se le aparezca el diablo y lo saquen del camino.

Lo cierto es que en el graderío Lopitos se ha vuelto la sensación, es ya harto popular y se deeeja querer.

Ya no hay parada para reabastecimiento de combustible que no le coloquen sus coronitas de flores hawaianas que tanto le gustan; no habla con la prensa si no es desde el segundo escalón de la multicitada escalera y habla de amor y esperanza; que no les va a fallar y que, una vez siendo el campeón, va a erradicar la corrupción de la Gran Carpa en que se ha convertido la organización de La Gran Carrera nacional.

El problema que trae es que el remolque que sigue a este corredor, y desde donde se prepara ya el festejo de la noche del 1 de julio, ya va lleno de cascajo y de puro carro chocado que se ha enganchado de la carroza.

En la defensa trasera del remolque, hay un rótulo que dice “Me ves y sufres” con letras como de puesto de tortero y otro, muy chiquito, como pintadito con pincel que reza: “ahora estoy sumando, mañana hago las restas”. Sepa Dios qué quiera decir eso.