“Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás”

Albert Einstein

Muchos de nosotros hemos oído hablar de esta grave enfermedad hasta hace poco considerada solo mental; me refiero a la terrible esquizofrenia. Por lo que sabemos, Van Gogh la padecía.

Para los psicólogos este término ha sido muy controvertido, ya que bajo este nombre se han etiquetado una gran cantidad de padecimientos con síntomas que en ocasiones resultan muy diferentes de caso a caso. Quizá parte de la dificultad para lograr un diagnóstico claro de esta enfermedad, es que éste está basado más en las características del fenómeno que en las alteraciones biológicas que lo producen y que permitirían una aproximación científica al trastorno y en donde no intervendría de una manera tan importante, como todavia ahora, la subjetividad del psiquiatra o psicólogo que la diagnostica.

La esquizofrenia, sabemos ahora, es un trastorno fundamentalmente del cerebro (sí, del cerebro) que se caracteriza por una desorganización de la personalidad y que aparece generalmente con delirios, alucinaciones, desconexión de la realidad, problemas cognoscitivos y también emocionales o afectivos. Es una enfermedad que presenta casi el 1% de la población mundial, por lo que es considerada una de las diez primeras causas de discapacidad por enfermedad de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el siglo XXI estamos viviendo toda una revolución en cuanto a la concepción que se tiene de este tipo de psicopatologías, hay toda una nueva conceptualización de la esquizofrenia gracias al desarrollo de nuevas técnicas de investigación y al surgimiento a partir de ellas, de nuevas teorías.

Este trastorno se da, de acuerdo a la OMS, ligeramente más en hombres que en mujeres y tiene una mayor incidencia en zonas urbanas y de bajo nivel socioeconómico, no entendemos bien a bien por qué.

Hoy sabemos que existe en esta alteración un componente genético importante, tanto que se le considera una enfermedad compleja tipo la hipertensión o la diabetes en donde existen también factores familiares de alto riesgo que aumentan las posibilidades de sufrirlas. Por ejemplo, si un gemelo idéntico padece esquizofrenia, el otro tiene más de un 50% de posibilidades de padecerla también. El riesgo es de un 8% para hermanos no gemelos, de un 12% para el hijo de un padre esquizofrénico, y de un 40% para el hijo de ambos padres esquizofrénicos. En estudios con gemelos idénticos adoptados por separado se ha podido comprobar que la carga genética es mayor que la ambiental, en una relación 80—20. Y se habla ya de varios genes involucrados en el problema.

Afortunadamente, la tecnología para la investigación cerebral se ha desarrollado enormemente en los últimos años, por lo que ahora es posible estudiar el cerebro de los esquizofrénicos en vivo, realizando actividades y operaciones y desde luego también después de la muerte, pero de maneras mucho mas complejas y precisas que antes. La esperanza es que con estas nuevas tecnologías se puedan llegar a descubrir precisamente las bases biológicas de este desorden, cosa que aún no sucede. Parte del problema del diagnóstico es que existen nueve subtipos de este mal con variantes sutiles a discriminar. Así, las esquizofrenias: paranoide, hebefrénica, indiferenciada, catátonica y paranoide son las más frecuentes y conocidas.

Antes de diagnósticar a una persona como esquizofrénica hay que estar seguros de que no se trata de otro tipo de problema neurológico o psicológico o simplemente de nada —cualquier cosa que eso sea— ya que vivir supuestamente en otra realidad o inducirnos a pensar que existen esos “otros datos” que no coinciden con lo que está sucediendo, no necesariamente nos habla de un problema mental. Una persona perfectamente sana puede simplemente manipular datos, inventarlos o manipularlos con el objeto de sacar provecho de una situación. Puede parecer afectada de sus facultades mentales, cuando evidentemente no lo está.

En fin, no es posible aún, a pesar de los avances tecnológicos, psicológicos, psiquiátricos y médicos, diferenciar claramente al aprovechado del enfermo o al manipulador del pleno sociópata. Saber cuál es el misterioso origen de estas conductas y que lleva a un ser humano a actuar así, es una asignatura pendiente de todos los que nos interesamos por la compleja condición humana.

Desde luego, aún queda mucho por investigar y descubrir, pero paulatinamente la idea de que podremos desmenuzar gracias a la ciencia la conducta de los mentirosos, de los autoritarios, de los descreidos y embaucadores comienza a abrirse paso y a desvanecer sutil pero firmemente la evocación mágica y subjetiva de muchos psiquiatras y psicólogos ante tal clase de sujetos. Mi papá decia: “loco no come lumbre” y creo que tenía toda la razón.

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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