Las compañías farmacéuticas mexicanas están muy movidas ampliando su portafolio y entrando a nuevos nichos. Una de ellas es Liomont, empresa que a sus 75 años está incursionando en un nuevo segmento, el de vacunas.

Alfredo Rimoch, director general de Liomont, una de las siete farmacéuticas que más venden en México, anuncia junto con Manon Cox, CEO de Protein Sciences Corporation, una compañía de biotecnología con sede en Meriden, Connecticut, una alianza para vender la primera vacuna recombinante contra influenza estacional. Es una inmunización fabricada a base de una tecnología biotecnológica innovadora o recombinante, diferente del método tradicional que inocula el virus en embriones de pollo.

Lo particular de una vacuna recombinante es que no contiene el virus sino que mediante un proceso biotecnológico se le inserta el código genético para generar los anticuerpos en el organismo. Se entiende que al no depender de insumos como el huevo, es una forma de elaboración más rápida, limpia, pura, y no causa reacciones alérgicas.

Esta vacuna llamada Flublok fue autorizada en 2013 por FDA, y empezó a venderse en 2014 en Estados Unidos. Ahora, Cofepris acaba de autorizarla para su venta en México bajo un ágil proceso al amparo del acuerdo de equivalencia para vacunas entre México y Estados Unidos. Gracias a este acuerdo el proceso de registro en México duró 4 meses y medio; de lo contrario hubiera tardado de 1 a dos años, nos comenta Alfredo Rimoch.

Así, México es el primer país fuera de EU en que contará muy pronto con la vacuna antiinfluenza recombinante.

Se planea fabricar en México

Rimoch ya sólo espera que se liberen los permisos de importación para empezar a venderla en el mercado privado, y para el próximo año buscará que ingrese al cuadro básico a fin de participar en licitaciones de venta a gobierno.

En una primera fase la vacuna Flublok será traída de Estados Unidos, pero el acuerdo con Protein Sciences es fabricarla en territorio mexicano. Para ello Liomont construye una nueva planta en Ocoyoacac, Estado de México, concebida para ser la puerta de entrada de Liomont a biotecnología y a ciencias de la vida. De hecho, la compañía ya tiene avanzados desarrollos biotecnológicos, incluidos algunos anticuerpos monoclonales.

La primera etapa sería producir la vacuna para abastecer el nada desdeñable mercado mexicano; las compras para la campaña de vacuna antiinfluenza del gobierno implican más de 1,200 millones de pesos anuales.

Claro que ya operando la planta en Ocoyoacac, Liomont prevé exportar la vacuna. En esto incide el hecho de que México ya tenga su regulador sanitario certificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para precisamente suministrar vacunas a dicho organismo.

El hecho de que la vacuna de Protein Sciences y Liomont sea recombinante es una ventaja, pues en caso de pandemia pueden fabricarla mucho más rápido que la hecha en base a huevo. Para la OMS eso es importante dado que para un virus mutante como el de la influenza, las cepas de la vacuna se redefinen anualmente y la fabricación se debe arrancar entre febrero y marzo. De este modo, su fabricación para fin de año siempre es una carrera contra el tiempo. Para ello, las empresas aliadas ya trabajan en la vacuna para pandemia en un proyecto llamado Panblok.

Entonces para la nueva planta de Liomont la vacuna es una realidad; aparte ya tiene en la mira la producción de biocomparables, algunos en proceso avanzado de desarrollo tanto en colaboración con centros científicos en el extranjero como con el Instituto Nacional de Biotecnología de la UNAM.

Hasta ahora el mercado de vacunas antiinfluenza en México ha sido abastecido básicamente por dos compañías: la inglesa GSK y la francesa Sanofi, y había el proyecto de que el gobierno mexicano, a través de Birmex, produjera su propia vacuna apoyado por Sanofi, pero hasta el momento no hay noticias de si ello se concretará. Así como se ve, más bien será una empresa mexicana la que empezará a fabricar esas vacunas en México.

Hablando de vacunas; y ¿la de la viruela?

Ya que hablamos de vacunas, no son pocos los países que elevan sus alertas y amplían sus reservas de inmunizaciones ante posibles ataques virales por bioterrorismo, a la luz de los ataques terroristas en Francia. México no está exento, máxime por su posición geopolítica y por ser vecino de Estados Unidos. Tener una reserva de vacuna contra viruela, que sería la utilizada en caso de ataque biológico, hoy es obligado de ser considerado no sólo por las autoridades de salud sino por las de la Defensa, es decir el Ejército, porque a fin de cuentas sería un caso de seguridad nacional. Ya hablaremos más sobre el tema.

@maribelrcoronel

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