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Opinión

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Libertad y progreso

Mientras no avancemos en la promoción de mayores libertades individuales, México seguirá en el atraso económico.

Una sociedad que se desenvuelva en un contexto de libertad individual y en la cual predomine la propiedad privada de los medios de producción y, además, la asignación de recursos se dé a través de mecanismos de mercado bajo un sistema de precios flexible con mercados competitivos, tenderá a ser una sociedad que experimente un proceso sostenido de progreso económico, uno en el cual el bienestar intergeneracional sea cada vez más elevado.

Más aún, en una sociedad con estas características, la distribución de los frutos del progreso económico tenderá a ser relativamente equitativa, no porque la equidad sea un objetivo en sí mismo, sino como un resultado endógeno de la igualdad de oportunidades.

Todos tenemos, naturalmente, el derecho a poseer bienes como una extensión del derecho a la vida misma; somos dueños absolutos de nuestro cuerpo y nuestra mente y, consecuentemente, también tenemos el derecho a decidir con entera libertad cómo es que los queremos utilizar.

El derecho a la vida, así como el derecho a la posesión de bienes tiene que ser el corazón del marco legal que rija la interacción de los diferentes individuos que componen la sociedad.

Una eficiente definición de los derechos privados de propiedad, junto con una eficiente garantía y protección de éstos por parte de un Poder Judicial independiente e imparcial, se constituyen como los pilares que sustentan un proceso sostenido de desarrollo económico.

Dada la escasez de recursos, cada quien asignará sus recursos productivos hacia aquel uso en el cual la rentabilidad esperada sea mayor e igualmente cada quien asignará su ingreso hacia la adquisición de aquellos bienes que le permitan maximizar su nivel de bienestar y de su familia. Es ésta la libre decisión que cada individuo tiene para asignar como quiera los recursos de su propiedad, mientras en el ejercicio de esta libertad no se atente en contra de los derechos de terceros. Esta libertad se complementa con la que tiene cada quien para involucrarse en operaciones voluntarias de intercambio en mercados que operan en competencia.

Y la búsqueda de la maximización del bienestar individual lleva, en principio, a una asignación eficiente de los recursos, así como a que la economía comience a experimentar un aumento sostenido del nivel de ingreso por habitante.

En México estamos muy lejos de ser un país en donde los individuos sean efectivamente libres de elegir qué es lo que más les conviene. En este país cada uno de nosotros se enfrenta prácticamente todos los días a un conjunto de trabas que limitan nuestra libertad de elección.

Políticos y funcionarios públicos que realmente no creen en la libertad como el valor supremo que hay que garantizar y proteger, y que buscan el poder mediante la alianza explícita o implícita con grupos particulares de interés, permitiéndole a estos poderes fácticos apropiarse de instituciones del Estado nacional, es sin duda el principal elemento que explica nuestro bajo nivel de desarrollo económico.

Este factor es el que explica las mediocres tasas de crecimiento económico de las últimas tres décadas, el que explica el por qué persiste una alta incidencia de pobreza, así como una de las distribuciones del ingreso más inequitativas del mundo.

Y así, mientras no avancemos rápidamente hacia un entorno de mayor libertad individual, México seguirá experimentando un muy pobre desempeño económico.

ikatz@eleconomista.com.mx

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