El salvadoreño Bukele se ríe en redes sociales de los vínculos con el narcotráfico del presidente hondureño Juan Orlando Hernández; el guatemalteco Alejandro Giammattei evita contactos con Bukele.

El argentino Alberto Fernández tuvo hace dos semanas un encontronazo público con su par uruguayo Luis Lacalle Pou; Bolsonaro se encuentra aislado y no tiene buena relación con Fernández ni con la mayoría de los presidentes de la región.

El presidente López Obrador lesiona la relación de México con España y hoy decide hacerlo público con su ausencia en la Cumbre Iberoamericana (financiada principalmente por España).

El colombiano Iván Duque no tiene relaciones con el venezolano Nicolás Maduro. Tampoco la tienen la mayor parte de los presidentes latinoamericanos, con excepción de Nicaragua, México y Argentina.

La frontera entre Costa Rica y Nicaragua va transfiriendo soberanía al narcotráfico. Entre Chile y Bolivia continúan los litigios sobre la salida del mar.

Latinoamérica es un archipiélago político. 

Las instituciones democráticas son endebles, y con los valores que rezuman, nos demuestran que tres naciones son dictaduras: Nicaragua, Cuba y Venezuela.

Perú es un caso de estudio. Después de que la erupción del caso Odebrecht bañara de cenizas a varios de sus presidentes, uno de ellos, incluso, se quitó la vida, el Congreso decide inhabilitar al presidente Martín Vizcarra, un personaje serio y profesional, y ahora se cuela por la puerta de atrás Pedro Castillo, un radical cuya promesa apunta al cierre del Congreso.

Algo insólito, Mario Vargas Llosa dedicó su espacio quincenal de El País para pedir el voto a favor de Keiko Fujimori, hija del dictador decrépito que se encuentra en prisión. La única condición que pone Vargas Llosa para apoyarla es que se comprometa a no indultar al matón del régimen, Vladimiro Montesinos.

Bolivia es otro caso. Evo Morales violó la Constitución al volverse a presentar en las boletas electorales y, a la mitad de la función, el principal sindicato del país le retiró el apoyo. Lo mismo hizo una parte del ejército y de la sociedad. Morales salió corriendo del país señalando un golpe en contra de su moral política. Algo similar ocurrió en Ecuador. A Correa le salieron colmillos de autócrata y tuvo que salir corriendo del país. Ahora, llega Guillermo Lasso, y para marcar distancia del caos, pide el ingreso de su país a la Alianza del Pacífico, un mecanismo encargado, principalmente, de desideologizar las relaciones diplomáticas.

Hoy, Nicolás Maduro montará un show durante la breve Cumbre Iberoamericana cuya sede será Andorra.

Maduro es un factor divisorio no solo en Latinoamérica, también en Europa. El gobierno de Trump lo sancionó, pero también lo admiró. En efecto, así lo revela John Bolton en su libro La habitación donde sucedió.

Daniel Ortega le ha conferido a su esposa poderes intergalácticos para perpetuar la dictadura en Nicaragua con base a elementos “sobrenaturales”. Ortega ha pasado a convertirse en un mal chiste.

En Cuba, el presidente Díaz-Canel promete que pedirá consultas a Raúl Castro de manera frecuente. Se va Castro, pero en el cuarto de máquinas permanece la estructura del Partido Comunista.  

Rebeca Grynspan encabeza la Secretaría General Iberoamericana. Ha tenido la mala suerte de estar al frente del organismo en uno de los peores momentos de la región en los últimos 50 años.

Hoy veremos tres ausencias en la Cumbre Iberoamericana: Bolsonaro, López Obrador y Mario Abdo (Paraguay). Uno diría que son muchos los presidentes los que van a participar, puede ser. Sin embargo, muchos lo harán porque será virtual.

No se verán las caras. 

Nos hemos convertido en islas.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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