El asunto es de vida o muerte. Un grupo nutrido de los mejores científicos de todo el mundo se dieron a la tarea durante el nefasto 2020 y con base en lo que ya se sabía y en lo que se atrevieron a imaginar y concretar, de desarrollar una serie de vacunas que podrían ayudar salvar a la humanidad de la enorme crisis producida por un invisible e invencible enemigo, el temido Covid-19.

A pesar de que muchos pensamos que la tarea de atajar al virus era punto menos que imposible, contra viento y marea, con inteligencia y prisa lo lograron.

Pronto el planeta entero supo que la vacuna Aztra-Zeneca estaba muy adelantada, que la Pfizer y La Moderna también estaban listas, o que Johnson & Johnson pronto saldría al mercado. Por ahí nos enteramos al mismo tiempo que la Sputnik V, de Rusia, o la CanSino, de China, lograban igualmente grandes avances. Caray… ¡que buenas noticias!

Pero, como siempre, el diablo está en los detalles. El avance científico era incuestionable pero la capacidad de producción, distribución y aplicación de cinco mil millones de dosis (70% de la población mundial) no es cosa sencilla. Por si faltara algún problema, pronto se dieron a conocer algunos efectos secundarios preocupantes de las vacunas: choques anafilácticos; secuelas neurológicas, en fin, pequeños, pero importantes problemas secundarios. Las farmacéuticas se apresuraron a corregir y perfeccionar su invento y pasamos a la siguiente etapa, la venta y distribución de la cura prodigiosa. 

De la danza de las vacunas pasamos a la danza de los millones y los países ricos se apresuraron a comprar pronto, más y mejor. 

En México se nos dijo que todo estaba bajo control y con asombro (¡al fin algo salía bien!) vimos a medio gabinete, encabezado por el canciller Marcelo Ebrard y su diligente sub-secretaria Martha Delgado, con lágrimas en los ojos, recibir en medio de vítores la cajita de vacunas transportadas por un gigantesco avión de DHL (gran comercial para la empresa de paquetería) mientras casi se entonaba La Marcha de Zacatecas y El Rey. Momentos inolvidables, de verdad.

Y aquí comienza el verdadero show: cuando se le pide al Secretario de Relaciones Exteriores que muestre los contratos con las farmacéuticas, declara que se podrán conocer en cinco años por ser asuntos de “seguridad nacional”. No sabemos ni cuánto costaron ni cuántas compraron. Igualito que con el segundo piso de periférico.

Además, en la siguiente escena, ahora en la Mañanera, el presidente nos dice que por lo pronto no llegarán más vacunas a nuestro país ya que donará este medicamento a los países más pobres para seguir la recomendación de la ONU. (Naciones Unidas desmiente este dicho, casi inmediatamente).

Finalmente, se nos dice que no habrá más vacunas de Pfizer pero que de mediados de enero a marzo, estarán vacunados todos los adultos mayores y el personal hospitalario…pero solo el público, no se menciona a médicos, enfermeras, etc. privados.

La insistencia en este último reclamo logra que se diga que se va a vacunar también al personal de los hospitales privados (cosa que no ha sucedido aún, bueno ni a los públicos). 

En este punto, y ahora sí con terror, me pregunto: ¿cómo van a lograr vacunar de aquí a marzo a las personas mayores y todos los médicos? Son alrededor de 17 millones de personas… ¿Y ahora?

Pero no contabamos con la astucia del Dr. Gatell que parte a Argentina para dejar descansar al respetable (¡mil gracias!) y para negociar la compra de la Sputnik V, vacuna de la que no se sabe casi nada ya que no se han publicado estudios ni resultados de la tercera etapa de la investigación ni está aprobada por la OMS. ¡Y eso nos van a poner!

Pero falta un par de detallitos aún más siniestros: sin haber terminado de vacunar ni a los viejitos ni al personal médico se decide inmunizar a los Siervos de la Nación y a los maestros de Campeche (¿no que está en semáforo verde-amarillo?) solo por razones clientelares y políticas. Estoy atónita y demudada.

Resumiendo: no hay vacunas, quizá nunca se compraron; nos quieren poner la Sputnik V que no sabemos ni que es, ni que tanto protege o perjudica; y desde luego primero los servidores y los maestros. Total, ¡que importan unos miles de muertos más o los médicos o los mayores! Lo único importante es el 6 de junio. ¡Puff!

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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