De acuerdo con Jeremy Rifkin, el mundo está por entrar a una tercera revolución económica. En su publicación La tercera Revolución Industrial, el autor explica que la nueva economía girará en torno de la convergencia entre la energía y la comunicación.

El argumento del autor indica que las energías como el carbón, el petróleo y el gas, sólo se encuentran en regiones aisladas y requieren inversiones significativas para su extracción. Por lo tanto, su distribución es centralizada y en dirección vertical entre compañías monopólicas y sus usuarios finales.

En contraste, Internet y las energías solar, eólica y geotérmica tienen viabilidad económica y se transmiten de una forma horizontal.

Esto es, las energías renovables e Internet están presentes en cada centímetro cuadrado del mundo, es una forma de comunicación que se transmite entre usuarios finales.

En este sentido, la idea es que cada integrante de la economía sea capaz de generar energía y transferir los excedentes a un mercado energético a través de la infraestructura eléctrica con el uso de Internet. De esta forma, todos podrían convertirse en empresarios generadores de energía y detonar el desarrollo de regiones y países enteros.

Con base en esta idea, la Unión Europea estableció metas de transición energética hacia el 2020. Sin embargo, la crisis de deuda en distintos países de Europa imposibilita, al menos en el mediano plazo, el avance de este bloque económico en el logro de la tercera revolución industrial.

Como en toda revolución industrial, se requerirá de un periodo de inversión en investigación y desarrollo de productos y mercados.

Sin embargo, dado su carácter horizontal, será necesario que los gobiernos jueguen el rol de coordinadores de esta inversión. Por lo tanto, es preciso incluir cambios financieros en el planteamiento de la tercera revolución industrial.

Los países deben regularizar sus cuentas públicas, disminuyendo sus pasivos o por lo menos reestructurándolos, así incrementarían la disponibilidad de capital y su capacidad de inversión.

Es necesario que se establezcan regulaciones internacionales que limiten el sobreendeudamiento de las naciones, y con esto se logre una revolución financiera. Con una contabilidad pública fuerte, se podrán generar políticas e instrumentos financieros y de apoyo para un cambio en la estructura económica.

Esta tercera revolución industrial, a diferencia de sus antecesoras, deberá darse desde el gobierno y la academia. Debido a que el cambio no genera nuevos ingresos, sino que permite ahorros en costos energéticos.

Para ahorrar, es necesario realizar inversiones en infraestructura que se recuperan a largo plazo. Beneficios poco atractivos para el sector privado.

Por esto, el mercado de una energía transversal debe propiciarse con el liderazgo de instituciones públicas que soporten inversiones de largo plazo y favorezcan el paulatino decremento en los costos de inversión en tecnologías energéticas que al día de hoy son muy costosas para el público en general.

*Marco Antonio Cabello Villarreal es subdirector de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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