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Opinión

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La revolución silenciosa

Si las autoridades buscan mejorar la inclusión; es evidente que las políticas aplicadas han llegado al agotamiento. En este sentido, no queda otra opción que permitir y fomentar un mayor desarrollo de modelos de negocio disruptivos e innovadores. 

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Según datos del Banco Mundial, la banca en México es mejor negocio que en el 82% de los países del mundo. Sin embargo, según la última Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF 2021), México no ha mejorado nada en esta materia. 

El porcentaje de la población que tiene al menos un producto financiero se mantuvo -sin avances- en un 68% en los últimos seis años. Este contraste es indicativo de que en México los préstamos a menudo no están disponibles y son costosos para las personas con ingresos más bajos. Como resultado, tenemos un alto porcentaje de población no bancarizada. 

Incluso, si analizamos la evolución de los cuatro productos financieros incluídos en la ENIF de forma independiente (cuentas de ahorro, tarjetas de crédito, seguros y cuentas de ahorro para el retiro) el porcentaje se reduce por debajo del 50%.

El poco desarrollo que ha alcanzado México en esta materia es francamente reprobable e insostenible. Es uno de los países donde hay menos crédito. El crédito al sector privado es de 37 puntos del PIB. Esto está muy por debajo de economías latinoamericanas mucho menos sofisticadas cómo Honduras (64 puntos), y El Salvador (55 puntos).

Muchos académicos han señalado que las altas utilidades de los bancos mexicanos se explican por la falta de competencia. Hay muchas posibles razones por las cuales los bancos pueden estar abusando, pero muchas apuntan a la concentración en el mercado.

La retórica oficial ha estado rebosante por décadas de llamados y proclamas en favor o en redención de las clases mayoritarias o menos favorecidas de nuestras sociedades. Pero por desgracia, en la mayoría de los casos a esas proclamas les ha sobrado brío discursivo y les han faltado, casi en lo absoluto, propuestas concretas para mejorar la condición material de esas clases sociales. Propuestas enunciadas en sus propios términos o mediante mecanismos efectivos capaces de ayudarlos.

Si las autoridades buscan mejorar la inclusión financiera; es evidente que las políticas aplicadas hasta ahora han llegado al agotamiento. En este sentido, no queda otra opción que permitir y fomentar un mayor desarrollo de modelos de negocio disruptivos e innovadores.

Los avances tecnológicos pueden ser de inmensa ayuda potencial. Ya existen casos de éxito. Un botón de muestra es Filipinas, donde el gobierno reconoció el potencial sin explotar de los servicios financieros digitales y lanzó un programa de reforma diseñado para aumentar la competencia en la banca tradicional, facilitando al mismo tiempo el crecimiento de alternativas fintech.

Las entidades financieras que ofrecen servicios financieros a través de plataformas digitales -también conocidos como “Neobancos”- ofertan  productos que suelen estar personalizados y son asequibles. Sus servicios suelen estar dirigidos a satisfacer necesidades clave, y sobre todo en mantener sus comisiones bajas derivado de las eficiencias operativas que tienen.

También ofrecen la oportunidad de contar con servicios financieros a personas que anteriormente podrían haber estado excluidas. Lo anterior, por falta de acceso a sucursales físicas, documentación o historial crediticio. Asimismo, ofrecen beneficios para segmentos específicos. Cómo jóvenes y personas con historiales crediticios limitados, brindándoles servicios personalizados y oportunidades financieras a la medida de sus posibilidades.

Existen recientes casos de éxito. Por ejemplo, Nu México, que  anunció el inicio de sus trámites para obtener una licencia bancaria, cuenta ya con más de 3.6 millones de usuarios y con un 5% del mercado de tarjetas de crédito en el país. Otro caso es el de Spin de OXXO, que -en solo dos años- ha captado seis millones de clientes, de los cuales más del 50% son mujeres.

De acuerdo con The Boston Consulting Group, los neobancos representarán un mercado mundial de más de 2 billones de dólares en 2030 y crecerán a una tasa anual compuesta del 53,4%. Esto en virtud de que los usuarios con conocimientos digitales demandarán gradualmente más servicios financieros de fácil acceso. Es una revolución que ha sido silenciosa, pero que está en marcha.

Las autoridades financieras han tenido por décadas una visión demasiado estática de la realidad. Es indispensable ponerse en movimiento con miras al futuro. La tecnología está avanzando a pasos acelerados y lo que debemos hacer es prepararnos para ponerla en operación con un enfoque basado en la creatividad, la innovación y la inventiva. Precisamente, virtudes que cultivan en lo particular las nuevas generaciones.

X: @EduardoTurrentM

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