¿Qué impactos tiene una reforma agraria en el sector agropecuario de México?, ¿vuelve más competitivo a un productor agrícola? ¿Crece el volumen de la producción agrícola? La respuesta es diferente de acuerdo con el tipo de reforma del que se trate.

La Revolución Mexicana concluyó con una Reforma del Sistema Agrario Mexicano Porfirista , con ella se entregaron en distintos periodos de tiempo (1911-1992), 100 millones de hectáreas a los campesinos y se establecieron 30,000 ejidos que involucraron a 3.1 millones de jefes de familia.

Si la reforma contempla una redistribución de la tierra, estudios realizados en los países en desarrollo muestran que el coeficiente de Gini de distribución de tierra tiene un efecto negativo y es significativo en la producción de alimentos y el crecimiento, confirmando que una distribución más igualitaria de la tierra tiene un importante efecto positivo en la producción de alimentos y el crecimiento del PIB de un país. Sin embargo, éste debe ser acompañado de procesos de extensionismo y capacitación, para tener un efecto decisivo en la producción.

La tierra es el principal medio de producción para miles de familias campesinas en el país, es el medio que sostiene su reproducción; la pequeña unidad de producción juega un rol importante para el sector agropecuario, se ha demostrado que son más eficientes en el uso de los recursos, como son el uso de la tierra, el agua y la biodiversidad al tener estrategias de vida diversificadas. Estas unidades generan alimento (autoconsumo y abastecimiento de mercados), ingreso, empleo y un menor impacto ambiental, por las características de su producción. Una mejor distribución de la tierra logrará mejores resultados en el uso del suelo; en este contexto, la pequeña agricultura tiene un papel fundamental.

La reforma debe buscar, entre otras cosas, una mejor calidad de vida para la población rural y la seguridad alimentaria del país. En ese sentido, el incremento de la producción agrícola requiere focalizar la inversión pública en la pequeña agricultura, que permita el acceso a insumos, mercados, capacitación y extensionismo, crédito, certificación en sanidad e inocuidad, así como fortalecer obras de irrigación que incorporen las tierras de temporal, son factores que contribuirán al incremento en la productividad y versatilidad de las tierras agrícolas.

Con la focalización de la inversión pública en el desarrollo de la agricultura familiar se tendrían 5.4 millones de unidades económicas rurales productivas, logrando su seguridad alimentaria en automático y generando excedentes para los mercados.

Aunado a ello, se necesita un campo sin burocracias, con políticas públicas diferenciadas e incluyentes y enfocar el financiamiento en bienes públicos y no privados que detonen el aumento en la productividad. Con inversión del tamaño de la importancia del campo y cambios en lineamientos operativos más acordes a la realidad del campo, la reforma agraria logrará su propósito.

*/ Pedro Díaz Jerónimo es subdirector regional de Promoción del Noroeste en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]