Después de varios meses de pandemia, todos nos cuestionamos más que nunca sobre el futuro y la nueva normalidad. La forma en la que visualizamos el futuro, determina también, nuestra capacidad de adaptación en tiempos difíciles.

Es un hecho que aunque todos tenemos diferentes capacidades de adaptación, en un grado menor o mayor todos hemos tenido que hacer ajustes y adaptaciones de nuestros estilos de vida –incluyendo, por supuesto, nuestra alimentación– a los retos que la pandemia de covid ha planteado.

Es justificable que sintamos incertidumbre hacia el futuro cuando nos enfrentamos a las noticias sobre el proceso de desarrollo de vacunas contra el Covid-19 al mismo tiempo que se dan los rebrotes y vueltas al confinamiento en Europa. Además, en diferentes manifestaciones, se expresan ciertos deseos de que “volvamos a la normalidad”, o “cuando todo esto se acabe” podamos volver a los estilos de vida como los conocimos.

Para explicar cómo nuestros niveles de optimismo de una supuesta vuelta a la normalidad pueden traicionarnos, la paradoja de Stockdale nos puede ser muy útil. Stockdale, fue un prisionero en una guerra en Vietnam. Estuvo encarcelado durante 7 y medio años como prisionero de guerra, y escribió sus memorias al respecto. Jim Collins, un investigador que hizo famosa la paradoja, le cuestionó a Stockdale cómo fue capaz de mantener la esperanza sobre su liberación, Stockdale explicaba, que muchos de los prisioneros que no sobrevivieron al encierro, se ponían plazos para la liberación, por ejemplo: “De aquí a Navidad, vamos a salir”. Llegaba Navidad y la frustración y desesperanza era mayor al no poder obtener su liberación. Él en cambio, sabía que habría un final positivo para su historia, sin ponerse plazos de por medio, y sabiendo que tenía que mantener una disciplina diaria para su paz mental, sin poner plazos ni fechas que no estaban bajo su propio control.

La paradoja de Stockdale es útil para ejemplificar cómo en tiempos de crisis hay que vivir un día a la vez. Acercándonos al fin del año, es hasta cierto punto natural pensar que como el 2020 fue un annus horribilis, el 2021 llegará mejorado. Siendo realistas, el control mundial de una pandemia para la que aún no se tiene una vacuna −de la que aún falta la manufactura y distribución a nivel mundial− no cambiará solo porque el calendario marcará otra fecha. Mantener esto en mente no nos vuelve pesimistas, pero por el contrario, centra nuestra atención en la disciplina que hay que tener día a día para sobrevivir en bienestar físico y mental a la pandemia. La disciplina de acatar las recomendaciones de salud pública para evitar la propagación del virus, pero también la disciplina de cuidar de nosotros mismos con la alimentación, el descanso físico y mental y las estrategias para mantener un buen estado general.

Resulta una tentación creer que con el cierre de año se cierran también todas las problemáticas que acarreó el año. La paradoja de Stockdale es el ejemplo idóneo para explicar cómo sin ser totalmente optimistas ni totalmente pesimistas, el aquí y el ahora, más allá de los términos filosóficos, es un principio de aplicación práctica para nuestra supervivencia. Cuidar de los pequeños detalles de la vida diaria es lo que hará la diferencia para aguantar una crisis de la que aún no tenemos certeza sobre su final, ni sobre las consecuencias que sucederán en ese supuesto fin.

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.