Un veterano político socialista cuya llegada al poder parecería ser inminente, Jeremy Corbyn, quien en realidad es el que pone los temas a discusión en la agenda política de su país, el Reino Unido, propone un plan para que la inversión en infraestructura de su gobierno favorezca a las firmas británicas, así como un extenso programa de gasto público para invertir el capital humano y físico que promueva la actividad industrial de su país. Su ejemplo es Alemania, que ha conservado el componente industrial como proporción de su economía, mientras que la británica, que le apostó a los servicios, ha perdido empleos manufactureros, 600,000 tan sólo en la última década. Corbyn no considera que sus propuestas sean proteccionistas, ya que no se opone al mayor comercio, por el contrario, apoyó el que su país se mantuviera en la Unión Europea, sino que quiere que el gasto se use para mayor infraestructura que tenga un efecto multiplicador en las islas británicas y que sirva a que la industria y sus trabajadores sean más competitivos. Corbyn se queja de que los nuevos pasaportes británicos los van a elaborar una firma franco-holandesa y exige un plan para que los nuevos barcos de la Marina Real sean producidos en astilleros de las islas.

Algunos acusaron al líder laborista de apoyar propuestas similares a las de Trump, cosa que por supuesto Corbyn rechazó, pero en general fue bienvenido el llamado a una mayor intervención estatal en una economía que, en nombre de los mercados libres, dejó caer a su industria. Se acusa a Corbyn de tratar de regresar al Reino Unido a las políticas de los años 70; pero utilizar políticas de gasto, comerciales y subsidios para apoyar la industria es lo que mayoría de los países hacen, especialmente los que conservaron su industria, dice Larry Elliot, el editor de temas económicos de The Guardian. El punto es que las políticas industriales son hoy parte central de los debates de los países desarrollados. Incluso en la tan liberal Gran Bretaña. También Macron tiene un plan para desarrollar tecnología e innovar en Francia. Parecería que ahora contar con un plan de política industrial sólido, más que tener tratados comerciales, comienza a ser requisito para evaluar las posibilidades de que una economía asegure un futuro sólido.

En México, la agenda de una nueva política industrial es clara. Se requiere hacer mejores políticas que en realidad han resultado insuficientes, como apoyar emprendedores, financiar desarrollos industriales, invertir en infraestructura ligada a la industria, promover patentes y reducir la sobrerregulación. Pero se requiere mucho más. Necesitamos de políticas para incrementar el contenido de lo que exportamos y apoyar empresas para que sean capaces, de manera competitiva, de reducir lo que importamos. Requerimos de un enfoque basado en misiones, para convertir las necesidades de resolver problemas como movilidad, reducción de emisiones, manejo del agua, re o uso de residuos en oportunidades para el desarrollo de nuevas industrias. Necesitamos orientar la formación y la generación de conocimientos universitarios en soluciones útiles para nuestra industria. Nuestras posibilidades de construir una economía sólida se basan en que podamos ser exitosos en construir una política industrial para el futuro.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.