El título de la columna de hoy es el mismo de un libro misceláneo del poeta Ramón López Velarde (1888-1921), cuyo centenario luctuoso se celebró el pasado sábado. En un homenaje en su tierra natal, Jerez, Zacatecas, estuvo presente e hizo uso de la palabra el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. El libro de referencia, en su versión original no contiene poesía. Existe una publicación reciente del título con un prólogo de Felipe Garrido, escritor y editor, quien le agregó algunas poesías con una explicación de su concepción con detalles de la vida del poeta.

El que pergeña lo que usted lee es un enamorado de la poesía de López Velarde. No recuerdo en dónde leí por primera vez “La Suave Patria”, el último poema que publicó y el más célebre de los prodigiosos frutos de su “ánima y estilo”. En un proemio, dos actos y un intermedio, el poeta “con épica sordina”, proclama con inusitadas metáforas el amor a la patria “alacena y pajarera”; al mismo tiempo que en el “tren (que) va por la vía como aguinaldo de juguetería”, recorre la moral y las costumbres de la nostálgica provincia y de la “ojerosa y pintada” capital. 

Permítanme presumir: después de leer “La Suave Patria”, el que escribe, declamador sin maestro en la secundaria y la preparatoria, buscó el poema, se lo aprendió de memoria y recitándolo de manera decimonónica ganó un Concurso Municipal de Declamación en León, Guanajuato.

Con “La novedad de la patria”, quiso el poeta, amigo leal de Madero, hablar de una patria nueva que recién surgía de la revolución, “menos externa, más modesta y probablemente más preciosa (…) la celebridad de nuestro republicanismo nos ha revelado una patria, no histórica ni política, sino íntima”. ¡Ay!, si el poeta supiera en lo que devino aquella novedad.

El sábado en Jerez, López Obrador, leyó con sumo cuidado un elogioso discurso. Sólo cometió un error: al referirse a la estrofa que más le gusta del poema dijo que era la que cierra el proemio, leyó: “Suave patria, permíteme que te envuelva/ en la más honda mística (debió decir música) de selva/ con que me modelaste por entero/ al golpe cadencioso de las hachas,/ entre risas y gritos de muchachas/ y pájaros de oficio carpintero”. Pero valga el pequeño error por el homenaje.

Si a mí me preguntaran cuál es la estrofa que más me gusta del poema lo pensaría mucho, pero así de súbito diría: “Suave patria, vendedora de chía:/ quiero raptarte en la cuaresma opaca,/ en un garañón, y con matraca/ y entre los tiros de la policía”.

Fiel a su espejo diario

En otro orden de homenajes, el pasado jueves, en Acapulco, Guerrero, el gobierno federal honró merecidamente a quien, sin duda y sin discusiones, fue el fundador del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en Michoacán y Guerrero: el maestro César Núñez Ramos, quien ese día hubiera cumplido 79 años de no haber fallecido el 11 de noviembre del 2020, de Covid-19, en cumplimiento del deber, ya que al sentirse enfermo pudo pedir, por su posición política, un trato hospitalario preferencial, pero fiel a sus principios y manera de ser, Núñez Ramos, se formó en la fila como cualquier ciudadano. Cuando le tocó su turno ya era tarde.

Al acto asistieron más de 500 personas entre familiares, amigos y autoridades estatales y federales. Uno de los oradores de la ceremonia, el delegado del gobierno federal en la entidad, Iván Hernández Díaz, convocó a honrar la memoria de César “no con discursos, sino con hechos”.

Termino con lo expresado por su viuda, Rocío Bárcena: “Salve César, descansa en paz, vives en los campos, en los ríos, en las playas y en las montañas de Guerrero. Vives en su música, en sus olores y sabores, vives en la lucha de los maestros democráticos, vives en nuestro pensamiento y en nuestros corazones”.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.

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