Lectura 5:00 min
La muerte de Blake Mora y los rumores
Apenas se confirmó la muerte del Secretario de Gobernación y siete servidores públicos más y desataron los rumores sobre las causas del accidente.
Ni la salida casi inmediata de la vocera de la Presidencia, Alejandra de la Sota, ni la intervención ante los medios de Felipe Calderón Hinojosa lograron amainar y apaciguar las versiones que empezaron a circular en todo el país en torno al accidente del pasado 11 de noviembre, en el que murió el secretario Francisco Blake Mora. Como se conoció casi de manera instantánea ese día, el titular de Segob falleció al desplomarse el helicóptero Súper Puma en el cerro del Ayaqueme, cerca del poblado de Santa Catarina Ayotzingo, en el Estado de México.
A pesar de que el propio Calderón dijo en su mensaje público que no se descartaría ninguna hipótesis para explicar el accidente y que pidió ayuda a agencias de aeronáutica de Estados Unidos y Francia, las dudas sobre lo ocurrido no perdieron fuerza, al contrario, crecieron al paso de las horas y de los días.
El peso de la duda se centra en el hecho sobre las posibilidades de que dos secretarios de Gobernación de un mismo presidente, mueran en un accidente aéreo. Se trata, además, del tercer accidente aéreo en el que pierden la vida altos funcionarios públicos si se incluye en la lista a Ramón Martín Huerta, quien fuera secretario de Seguridad Pública de Vicente Fox, y quien falleció al caerse el helicóptero en que viajaba el 21 de septiembre de 2005.
De algún modo, la estadística conspira en contra de las versiones oficiales que se han dado en cada caso y que atribuyen a condiciones atmosféricas y de pericia de los pilotos las causas de los accidentes.
Todo ello para atajar la posible causa de un atentado, como es la versión de la que se alimentan los rumores.
Para complicar el panorama, resulto que hubo un twittero que profetizó la caída de una aeronave con un secretario de Estado a bordo. @Morf0, escribió: Mañana a las 11/11 les caerá un secretario del cielo evite reforma . Ya el autor de este mensaje explicó que se trataba de una simple casualidad pues un día previo se puso de moda en esa red social lanzar predicciones en torno a la curiosa fecha del 11/11/2011.
Junto a la versión oficial, se sumaron voces periodísticas que han cuestionado severamente la difusión de rumores. Amparados en la objetividad periodística se cuestiona la difusión de dudas y se pide atenerse a los datos puros e incuestionables y dejar a un lado las narrativas que no se sostienen en los ladrillos de la objetividad.
A quienes sostienen estas posturas hay que recordarles que tanto las noticias objetivas como los rumores son, en esencia, relatos hablados o escritos elaborados por sujetos en condiciones de subjetividad. Tanto las noticias como los rumores nos dan una versión una interpretación de la realidad. El rumor no es una mera distorsión de los hechos, sino una interpretación de la realidad de la que surge.
El antropólogo estadounidense James C. Scott nos dice:
El rumor es un pariente cercano del chisme y de la agresión. Aunque no tenga necesariamente como objetivo a una persona en particular, se trata de una poderosa forma de comunicación anónima que puede servir a intereses muy específicos ( ) la mejor situación para que prosperen los rumores es cuando ocurren acontecimientos de vital importancia para los intereses populares y solo se tiene acceso a información ambigua o definitivamente dudosa , (Los dominados y el arte de la resistencia, ERA, México, 2000).
Este es el ambiente que vivimos en México, el de una guerra declarada por el Estado a un enemigo maleable y poroso que parece corromper todo lo que toca; una guerra que no se va ganando, que ha costado más de 45 mil muertes y que ha desatado la espiral de violencia más grave que ha padecido el país en muchos años.
Más que descalificar al rumor, hay que preguntarnos qué nos dicen los rumores y dudas populares. Los rumores en torno a la muerte de Ramón Martín Huerta, de Juan Camilo Mouriño y ahora de Blake Mora, así como los otros servidores públicos que los acompañaban, nos hablan de la duda y del escepticismo a la versión oficial, nos hablan de la debilidad del Estado para controlar al crimen organizado y nos dicen que popularmente se piensa que el crimen organizado, u otras fuerzas no oficiales, son capaces de atentar en contra de altos funcionarios públicos. Y también deben leerse como una percepción de debilidad y vulnerabilidad de los altos mandos del Estado, incluido el presidente de la república.
Más que acallar e intentar detener los rumores, tarea por lo demás imposible, habría que enseñarnos a leer las dudas, chismes y rumores populares. A veces tienen mejor comprensión de la realidad que el periodismo objetivo.