Hace apenas unos días, en el contexto de su gira por el estado de Colima, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que las aduanas estarán a cargo de elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina. La argumentación que se ofreció es que ésta será la mejor manera de combatir la muy conocida y muy documentada corrupción en las aduanas, el tráfico de estupefacientes y el contrabando de mercancías. Sin poner de ninguna manera en tela de juicio que, efectivamente, se tienen que tomar medidas decisivas para combatir esos ilícitos, es necesario considerar el posible efecto que tendría dentro de la operación del comercio exterior del país.

De manera inicial, es necesario señalar que muchas de las preguntas operacionales que existen serán aclaradas cuando los lineamientos necesarios se publiquen. Pero independientemente de eso, hay ya algunas preguntas necesarias: ¿debemos entender que el control de la Sedena y de la Semar será meramente de vigilancia sobre el trabajo del personal administrativo? ¿o se compartirá el control administrativo entre el mando civil y militar? En términos de lo primero, tenemos que reconocer que la presencia del orden militar en las aduanas, con motivos de seguridad y vigilancia, siempre ha existido. Basta cruzar a pie cualquier aduana del norte del país – Tijuana, Laredo, Ciudad Juárez, Reynosa – para comprobarlo. Por lo que si la intención fuera, de alguna manera, reforzar sus labores de vigilancia, esto podría no ser tan disruptivo.

Si, por el contrario, Sedena y Semar participan en labores administrativas, empezamos entonces a ver ciertas preocupaciones. No debemos olvidar que las aduanas son las venas a través de las cuales fluye el comercio exterior del país, que según el Inegi en el 2019 (antes del Covid-19) sumó más de 915,000 millones de dólares, equivalente a 72% del PIB del país. En un escenario de contracción económica, donde una buena parte de las posibilidades de recuperación están basadas en el comercio exterior, es fundamental que la decisión de trasplantar el control de las aduanas en México no inhiba la agilidad y el dinamismo del comercio exterior del país.

México ratificó el Acuerdo de Facilitación Comercial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en donde existen compromisos para la facilitación y el despacho de mercancías, incluidas las que se encuentran en tránsito. Adicionalmente, en el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), existen también obligaciones en materia de agilización aduanera, obstáculos técnicos al comercio y coherencia regulatoria, que deberán ser considerados al momento de implementar las decisiones administrativas mencionadas.

Además de lo anterior, otro tema de fondo que se debe analizar es qué rol desea jugar nuestro país a nivel internacional en esta coyuntura. En un mundo donde el proteccionismo gana cada vez más espacios, México debe erigirse como un punto nodal para los flujos comerciales, en donde se intersecten una enorme cantidad de productos, servicios relacionados y operaciones de importación y exportación. Para que eso suceda, México debe contar con una infraestructura –física, humana y operacional– del mayor nivel posible. Igualmente, el poder contar con tecnología de punta, que se apoye en algoritmos, big data e incluso inteligencia artificial, para garantizar que el proceso revisión no sea intrusivo ni tardado, es fundamental.

No tengo duda de que los elementos de la Sedena y la Semar cuentan con la dedicación, el compromiso y el patriotismo necesarios para llevar a cabo esta labor. Si la decisión es otorgarles responsabilidades administrativas, entonces es crítico acompañar el mandato con los recursos humanos, económicos y tecnológicos indispensables para que los resultados sean los más favorables para el comercio exterior de México. En este sentido, el apoyo del sector privado, a través de las cámaras empresariales y el gremio de agentes aduanales, será de mucha utilidad, para acompañar y aportar su conocimiento y experiencia para lograr una operación eficiente en las aduanas, bajo nuevas prácticas de seguridad y combate a la corrupción. Al final del día, que las aduanas sean confiables, ágiles, transparentes y libres de corrupción nos debe de interesar a todos, por el bien del país. 

*Juan Carlos Baker es licenciado en Comercio Internacional y Maestro en Economía Política, Universidad de Warwick, Reino Unido, es académico de la Universidad Panamericana. Durante 20 años trabajó en la Secretaria de Economía, en la subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales, de la que fue titular entre 2016 y 2018. Consultor y asesor de diversas empresas multinacionales.

Twitter: @JCBakerMx

Juan Carlos Baker

Académico

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Juan Carlos Baker es académico de la Universidad Panamericana. Durante veinte años trabajó en la Secretaría de Economía, en la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales, de la que fue titular entre 2016 y 2018.