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La libertad de los anti vacunas
La pandemia provocada por el Covid-19, vino a sacudir el mundo. Millones de personas contagiadas, muchas de ellas con padecimientos graves que los llevaron a la hospitalización y a la muerte. En torno a todo el problema de salud pública, se ha generado un intenso debate sobre las vacunas. Por un lado, los que celebramos el vertiginoso logro de contar con ellas en un tiempo record; por otra parte, las personas que se resisten a recibir el biológico por diversas razones, dichas personas hoy en día conocidos como los “anti vacunas”, expresan los siguientes argumentos: “No confío en la seguridad de las vacunas porque siguen siendo experimentales”; "Tengo que observar las reacciones que tengan los que ya se vacunaron”; "Me voy a contagiar de todas formas así me vacune”; "Las vacunas son solo un negocio de las grandes empresas farmacéuticas”. Aunado a esta serie de argumentos, existe uno que está por encima de todos los anteriores, es un argumento que provoca una discusión interesante sobre la libertad individual y sus límites.
Hay un grupo de personas con una argumentación más sofisticada, con una argumentación que recorre los linderos de la libertad, los derechos y los limites que el estado tiene para imponer la vacunación a los individuos. Ellos sostienen que se debe respetar su libertad, y esta libertad a la que apelan los antivacunas, es la libertad para decidir sobre su cuerpo y en eso tienen razón, cada quién decide lo que se mete a su cuerpo, sin embargo, esta afirmación tienen limites, y para ello es muy útil recordar el gran libro de John Stuart Mill titulado “Sobre la libertad” escrito en 1859, en el que sostiene que el individuo puede actuar sobre todo aquello que no afecte ni perjudique a los demás, a esto le llama la libertad social, entendida como la no intervención del Estado en los asuntos que involucran exclusivamente al individuo, y la única razón legítima por la cual la sociedad y el estado puede imponer límites a una persona, es cuando esta persona perjudica el derecho de los demás. Nadie puede decidir que tiene la libertad de pasarse un semaforo en rojo, o conducir en estado de ebriedad. Cierro recordando también aquella celebre frase de Jean-Paul Sartre que dice que mi libertad termina en donde empieza la de los demas.
No vacunarse es una decisión individual, sin embargo el estado sí puede imponer restricciones a su movilidad, el estado sí le puede prohibir que asista a lugares concurridos o a que goce de algunos otras actividades y beneficios sociales. La razón es sencilla, el que decide no vacunarse no solo afecta su salud, también está afectando a los demás, de entrada está afectando la inmunidad de rebaño. En la medida que más personas estemos vacunadas, es más probable que detengamos su propagación, así como ha quedado demostrado a lo largo de la historia de la humanidad con otras enfermedades que las vacunas erradicaron.
Hoy estamos en medio de la cuarta ola que nos ha llevado a que se rompa el record de contagios diarios en nuestro país y en nuestro estado, sin embargo y afortunadamente, las hospitalizaciones y los fallecimientos están controlados, o digamos que no están en este momento en la misma proporción que durante las olas anteriores.
Esto para los expertos es muy evidente, las vacunas han disminuido considerablemente el riesgo de casos graves y muertes. Hoy las estadísiticas son claras, la gran mayoría de las personas hospitalizadas y fallecidas no contaban con un esquema completo de vacunación y muchos de ellos no se han puesto o no se alcanzaron a poner ni una sola dosis.
En conclusión, la realidad es muy clara, las vacunas salvan vidas y no sólo la de los vacunados, sino también protege a las personas que les rodean. Vacunarse es responsabilidad de todas y todos, vacunarse es una responsabilidad social.