Uno de los géneros literarios más venerados en Suecia es la novela negra. Sus policiales han puesto a la literatura sueca en el mapa internacional desde el éxito de las historias de Per Wahlöö y Maj Sjöwall en los años 70, consolidada en la era global con los libros de Henning Mankell (entre 1997 y el 2005) y el fenómeno que fue la serie Millenium de Stieg Larsson (2008-2010).

Menos conocida es la excepcional obra del escritor y criminólogo Leif GW Persson que escribió thrillers políticos (y policiales de humor retorcido) basados en la historia sueca reciente. En particular su trilogía sobre el asesinato del primer ministro Olaf Palmer en 1986 (Entre la promesa del verano y el frío del invierno; Otro tiempo, otra vida; y Caída libre, como en un sueño).

Su hija, Malin Persson Giolito, también se decantó por la escritura de thrillers legales publicando tres novelas entre el 2008 y el 2012. En el 2016 publica Störst av allt (traducción literal: El más grande de todos), una novela sobre una masacre escolar en uno de los barrios privilegiados de Estocolmo, en el que abordaba la voz narrativa de una chica de 18 años involucrada en el suceso.

La novela ganó el premio a la novela criminal nórdica del año 2016 y se volvió un suceso de ventas. Poco después, Netflix apareció en el mapa y compró los derechos para realizar una miniserie para su oferta de streaming.

La misión de adaptar la historia quedó a manos de Camilla Ahlgren, veterana de éxitos de la televisión sueca como El puente (Bröm) y la primera adaptación de la trilogía de Stieg Larson (La chica con el tatuaje de dragón, etcétera). La serie se tituló internacionalmente Quicksand (en español Arenas Movedizas), estrenándose en forma simultánea en 190 países, hace algunas semanas.

Aunque la cantidad de producciones de Netflix (y sus competidores) ha aumentado en los últimos dos años, la calidad de sus estrenos llega a ser bastante dispar. Quicksand, sin embargo, se coloca en categoría aparte.

La serie parte de una historia de amor adolescente entre Maja (Hanna Ardēhn) y Sebastian (Felix Sandman) para abordar temas más perturbadores. El romance se inicia en el verano, durante las vacaciones, y es la vuelta a la realidad escolar la que complica las cosas. Maja cumple la mayoría de edad, y el carisma y simpatía de Sebastian se resquebrajan para mostrar una personalidad autodestructiva, rota por el privilegio y el abuso psicológico.

Pierde cuidado, lector: el párrafo anterior no echa a perder el suspenso de una historia que está narrada en flashback desde un presente en que Maja será juzgada por un crimen en el que no sabemos realmente qué sucedió. Una estructura que se ha vuelto muy frecuente en la televisión (y mucha literatura) contemporánea, cuyos creadores sienten la necesidad de “adelantarle” al lector (o espectador) que la historia se pondrá muy interesante antes de arriesgar perder su atención mientras los antecedentes de la trama se van acomodando y construyendo el suspenso.

En ese sentido, Netflix carga la apuesta. Inicia con una pantalla de advertencia (inusual) de que lo que vamos a ver será “muy fuerte y requiere criterio amplio”. Después nos presenta una serie de planos, casi abstractos y perturbadoramente elegantes, sobre las postrimerías del atentado en el salón de clases.

Las balaceras en escuelas se han vuelto un fenómeno tristemente común de nuestra era, particularmente en EU (aunque una de las más brutales se diera en Noruega en el 2011). Un tema que fácilmente se puede prestar al sensacionalismo, y cuyos elementos narrativos suelen ser similares. La propuesta de Persson tiene una variante interesante. Más que concentrar la violencia en un adolescente marginal enajenado por los videojuegos y el rechazo social.

Como buena parte de la literatura negra sueca, lo que está en juicio es el propio estado de bienestar del que tanto se enorgullece su sociedad. Las preguntas que hace Persson pueden resultar incómodas, se centran el conflicto psicológico como asunto de clase social y privilegio, segregación racial y económica. Por supuesto, abordan el tipo de nihilismo existencial que surge de una crisis de valores en la adolescencia, pero también trata de asomarse en el papel que juegan las expectativas sociales y la desigualdad en el fenómeno. Sebastian es, después de todo, el más popular (y adinerado) del salón.

El retrato que pinta la serie, acorde con su título internacional, coloca a la protagonista en una suerte de arena movediza donde cada intento por huir o cambiar la hunde más. Resulta, además, interesante conocer el proceso judicial sueco, muy distinto al estadounidense o al mexicano, para el caso: el destino y la culpabilidad del indiciado la decide un pánel de jueces, después de todo tipo de procedimientos, precauciones, recreaciones y estudios criminológicos.

Merece, en particular, destacar el cuidado que pusieron los directores Per-Olav Sørensen y Lisa Farzaneh en que las actuaciones del joven elenco no se desborden hacia la farsa o el melodrama, y consigan intensidad o contención de acuerdo con las necesidades de la historia.

Los ocho episodios de Arenas Movedizas constituyen una de las propuestas más interesantes del gigante del streaming mundial en lo que va del año.

@rgarciamainou

RicardoGarcía Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).