El día de mañana el Inegi dará a conocer los resultados de la economía mexicana durante el 2019, en donde se confirmará que el resultado fue negativo, con una caída que podrá estar entre 0.1 y 0.2. La realidad es que los tres primeros trimestres fueron negativos y los datos que tenemos para los meses de octubre y noviembre son que también fueron negativos, por lo que el mes de diciembre debió haber registrado un crecimiento superior a 1% para tratar de mejorar el dato de todo el año, lo que parece altamente improbable. Para explicar estos bajos resultados hay que buscar los datos de la inversión productiva que es el elemento que genera crecimiento. Lo que observamos al ver la cifra de inversión es que ésta tuvo una caída constante durante el año en poco más de 5%, promedio mensual. No hay economía en el mundo que crezca sin que el sector privado —en mayor medida— y el público —en menor medida— inviertan en actividades productivas. Tanto el gobierno como el sector privado deben ir de la mano invirtiendo en obras de infraestructura que generan empleos y mayor crecimiento.

El elemento central que explica nuestro nulo crecimiento es, sin duda alguna, la falta de inversión, tanto pública como privada. Por cada peso que el gobierno invierte, el sector privado invierte 9; pero es ese peso por parte del Estado el que genera la confianza para que la Iniciativa Privada ponga una cantidad considerablemente mayor. Esta falta de inversión se explica por parte del gobierno por la falta de recursos suficientes. De hecho, desde el año 2015 la inversión pública ha venido cayendo sistemáticamente, y fue el sexenio de Peña Nieto el que más baja inversión tuvo en los últimos 70 años. Por parte de la Iniciativa Privada, se explica por la falta de certidumbre en las reglas que regirán en los contratos y acuerdos, y la certeza de que éstas serán cumplidas por parte del Estado. Es necesario, por tanto, que en adelante se siga profundizando en establecer una relación entre este gobierno y el sector privado para reconstruir la confianza en que se mantendrá el Estado de derecho con relación al cumplimiento de los contratos y normas acordadas.

El gobierno del presidente López Obrador puede poner sobre la mesa para que la Iniciativa Privada tome en cuenta que tiene enfrente un gobierno que es estrictamente disciplinado fiscalmente y que no está dispuesto, como los anteriores, a endeudar más al país. Igualmente, el presidente tiene como premisa fundamental de su quehacer de gobierno la ética por encima de todo, lo que lo pone en una posición en la que la corrupción está fuera de toda relación que se construya entre ambos actores. Finalmente, estamos ante un gobierno que ha sido un ferviente impulsor del libre mercado y de construir un acercamiento estratégico de grandes alcances con EU y Canadá, lo que abrirá una cantidad considerable de oportunidades de inversión, tanto pública como privada, nacional e internacional. Éstos son puntos suficientes para comenzar a reconstruir la confianza para la inversión.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas