La independencia de un banco central es uno de los pilares fundamentales para el adecuado funcionamiento de la economía. El banco central tiene diversas funciones, pero la principal es proveer a la economía del país de moneda nacional y procurar la estabilidad del poder adquisitivo de dicha moneda.

Para lograr esto, el banco central cuenta con diversas herramientas de política monetaria entre las que destacan su facultad para determinar las tasas de interés y la cantidad de dinero en circulación en la economía.

El banco central también juega un papel fundamental en la supervisión del sistema financiero y los ecosistemas de medios de pagos para promover su adecuado funcionamiento.

En algunos casos, como el de la Fed, el banco central tiene el objetivo adicional de procurar el nivel máximo de empleo compatible con la estabilidad de precios. Como hemos reiterado anteriormente en este espacio, la autonomía de los bancos centrales es fundamental para evitar el uso de las herramientas de supervisión y política monetaria con fines políticos.

La autonomía del Banco de México se estableció el 1 de abril de 1994 con una reforma constitucional que además de otorgar dicha autonomía, estableció como mandato prioritario mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional.

En el papel, cualquier cambio al carácter de institución autónoma o al mandato prioritario de estabilidad de precios requiere de una reforma constitucional. Sin embargo, en la práctica, existe el riesgo de que la Junta de Gobierno pudiera actuar de manera menos autónoma o con un mandato modificado si sus integrantes así lo decidieran.

Para entender la importancia de la autonomía basta con remontarnos a los años 70 y 80, cuando las decisiones de política monetaria de Banxico se dictaban desde Los Pinos y los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo utilizaron al banco central como fábrica de dinero para financiar el creciente gasto público.

Las consecuencias fueron catastróficas: inflación sin control, una fuerte devaluación del peso mexicano y crisis económicas y altos niveles de desempleo recurrentes. El caso de México no fue único, varios países emergentes vivieron episodios similares. El común denominador fue un uso irresponsable de la política monetaria con fines expansivos y para financiar niveles de gasto público insostenibles.

Un ejemplo más reciente del desastre que puede provocar la falta de independencia de un banco central es el de Turquía. Aunque los cambios regulatorios para eliminar el carácter autónomo del banco central de Turquía no se dieron hasta el 2019, el Primer Ministro, Recep Tayyip Erdogan, comenzó a entrometerse en el proceso de toma de decisiones del banco desde el 2010.

Primero, Erdogan destituyó al gobernador en turno y nombró a un amigo de su hijo que posteriormente sustituyó con un amigo de su yerno. A partir del 2020, se hicieron cambios adicionales a la regulación para que Erdogan tuviera aún más discrecionalidad para nombrar a los miembros de la Junta de Gobierno del banco central.

El resultado de estas decisiones es claro: inflación y depreciación de la lira turca. Después de mantenerse en un rango de 1.30 a 2.00 entre el 2005 y el 2010, el valor de la lira turca pasó de 1.50 liras por dólar en el 2010 a 12.20 al día de ayer. Mientras tanto la inflación promedio anual pasó de 8% entre el 2004 y el 2016 a un promedio anual de 14% durante los últimos tres años.

Regresando al caso de México, no estamos pensando que vayamos hacia una situación como la de Turquía. Hasta ahora, el presidente López Obrador ha sido fiel a su compromiso de respetar la independencia de Banxico y los nombramientos que ha hecho a la Junta de Gobierno –Galia Borja, Jonathan Heath y Gerardo Esquivel– han sido impecables y consistentes con dicho compromiso.

Sin embargo, la decisión de no ratificar a Alejandro Díaz de León para un nuevo periodo, seguida del retiro de la propuesta de Arturo Herrera y la nominación de Victoria Rodríguez Ceja para encabezar Banxico ponen en duda dicho compromiso.

Banxico es una institución muy sólida y con una Junta de Gobierno altamente capacitada. Victoria Rodríguez tendrá, por mucho, la responsabilidad más importante de su carrera profesional. Por el bien de todos, esperemos que desempeñe dicha responsabilidad sin poner en riesgo la autonomía del Banco de México.

joaquinld@eleconomista.mx

Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Socio Director de EP Capital, S.C.

Sin Fronteras

Joaquín López-Dóriga Ostolaza es Socio Director de EP Capital, S.C., una consultoría especializada en fusiones y adquisiciones fundada en 2009.

Es egresado de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana, donde se graduó con mención honorífica y el promedio más alto de su generación. Cuenta con una Maestría en Economía de la London School of Economics, donde fue distinguido con la Beca British Council Chevening Scholarship Award.

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