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Opinión

Lectura 3:00 min

La importancia de la gratificación diferida en tus finanzas personales (I)

Joan Lanzagorta

La gratificación diferida es un concepto que se ha estudiado desde hace muchísimos años, pero se volvió famoso con el “experimento del malvavisco” que realizó Walter Mischel en la Universidad de Stanford en los sesentas y setentas.

Presentaron a niños de cuatro años con un malvavisco y les ofrecieron dos opciones:

  1. Tocar una campana para llamar al facilitador y comerse el malvavisco, o bien
  2. Esperar 15 minutos a que el facilitador volviera y entonces ganar dos malvaviscos.

La idea es optar por obtener una pequeña recompensa en el momento, o bien esperar un poco para lograr una recompensa mayor.

En los distintos experimentos se encontró que algunos niños que lograban esperar, lo hacían utilizando técnicas de distracción (cerrar los ojos, cantar canciones, imaginar otras cosas, etc.). Pero además, a medida que crecían, lograban más cosas en su vida, eran menos propensos a tener trastornos conductuales o altos niveles de impulsividad para guiar sus decisiones. En general, la habilidad de resistir tentaciones en edades tempranas se traduce en persistentes beneficios en años posteriores y en una mayor adaptabilidad a un mundo tan cambiante como el que nos tocó vivir.

¿Qué tiene que ver esto con tus finanzas personales? Mucho. Hoy vivimos en una cultura de comprar hoy aunque no tengamos dinero: podemos pagar después. Las campañas de marketing nos llenan de mensajes que dicen: “disfrutemos de la vida hoy, sin preocuparnos por el mañana. Tomar crédito es muy sencillo: pasas la tarjeta y puedes pagarlo todo a meses sin intereses.

El problema de todo eso es que comprar hoy y pagar después es precisamente lo que nos impide construir un patrimonio. No tenemos capacidad de ahorro, porque parte de lo que ganamos hoy lo tenemos que destinar a pagar aquello que ya compramos. Nuestro dinero está mirando al pasado y no lo estamos usando para preparar el futuro y para obtener una recompensa muchísimo mayor.

¿Quieres un ejemplo? Si hoy tienes 30 años y tienes 50,000 pesos, puedes invertirlos a largo plazo y obtener un rendimiento promedio de 5% real (arriba de la inflación). Si cada mes contribuyes 2,000 pesos adicionales, cuando cumplas 65 tendrás un patrimonio mayor a 2,440,000 pesos.

Estás dejando de gastar a lo largo de los años 890,000 pesos, para obtener una recompensa mucho mayor (los puros rendimientos son mucho más de lo que tú pusiste: 1,550,000 pesos). Esa es la magia del rendimiento compuesto.

Ahora bien, la realidad es que nadie se pone a pensar en esto a la hora de tomar una decisión de gasto o de dar el tarjetazo. Algunas personas lo hacen por impulso y otros simplemente porque toda su vida han manejado el dinero de esta forma, piensan que es lo “normal” y la única manera de tener una vida mejor.

No se trata de ahorrar por ahorrar ni tampoco de dejar de disfrutar una vida de calidad. Para nada. Se trata simplemente de hacerlo de acuerdo con nuestras posibilidades, de ser inteligentes en el manejo de nuestro dinero y de lograr un equilibrio. Se trata de vivir sin deudas, para que nuestro pasado no se lleve parte del dinero que ganamos hoy.

Para eso es importante darle la vuelta a las cosas y adoptar la filosofía opuesta: es decir primero pagar (ahorrar) y después comprar. Como debe ser. Gratificación diferida. De esto hablaré en la segunda parte.

Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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