En la literatura, hay decenas de ejemplos respecto a que los precios tope provocaron escasez y la aparición de un mercado negro...

En México, el caso paradigmático fue el de las rentas congeladas. Por décadas, ningún constructor edificó vivienda para rentar.

La cabeza de la nota periodística que inspira la presente entrega rezó textualmente: “Tope a precios del gas L.P. ha funcionado y seguirá: AMLO”. Según esa nota, el tema fue abordado por el presidente López Obrador en su conferencia mañanera del viernes 1º de octubre y en la intervención correspondiente el mandatario agregó que se buscará también ampliar la operación de la recién establecida entidad estatal, Gas Bienestar.

Con todo el dolor, me permito informar al señor presidente que la ciencia económica –y en lo específico, la teoría microeconómica– predice exactamente lo opuesto a su declaración triunfalista con respecto los topes de precio que las autoridades pueden imponer en cualquier parte del mundo a bienes y servicios. Lo que predican al respecto la ciencia económica y la observación empírica, es que, en la práctica, esos topes provocan dos consecuencias muy indeseables. Por un lado, dan lugar a restricciones muy visibles en la disponibilidad de los bienes que se han topado. Por otro y de manera paralela, provocan el surgimiento de un mercado negro en el cual los productos topados pueden conseguirse sin restricción, aunque a precios mucho más elevados.

Se podría alegar en contra de la argumentación expuesta, que esos dos efectos desfavorables no se han observado aún. Pero la experiencia tiende a confirmar que los fenómenos económicos no se manifiestan de manera inmediata. En contrapartida, en la literatura económica es posible encontrar decenas de ejemplos en los cuales los precios techo provocaron escasez e incluso reducción de la oferta. En México, el caso paradigmático fue el de las rentas congeladas. Por décadas, ningún constructor edificó vivienda para rentar.

Mi recomendación en lo personal, es que las autoridades en lugar de estar pensando en aplicar precios tope a las mercancías que se están encareciendo, deberían preocuparse por discurrir medidas y políticas para incrementar su oferta. Solo de esa forma podrá combatirse el encarecimiento y, desde luego, evitar que aparezcan las restricciones de suministro en el mercado. Y lo peor será, que cuando aparezcan esas restricciones a quienes más infligirán daño será a las grandes mayorías, a las que supuestamente debe proteger en mayor medida el gobierno. Y por lo que hace a la empresa Gas Bienestar, la perspectiva es que producirá un efecto mínimo en el mercado del energético además de que provocará un agujero en las ya muy apretadas finanzas públicas.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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