Entre las contribuciones más importantes del gran economista clásico, David Ricardo, encontramos el haber demostrado, de manera contundente, que las naciones se benefician del comercio, aun si muestran un déficit en su balanza comercial. Con sus argumentos destrozó las falacias mercantilistas imperantes hasta el siglo XVIII; 200 años después, vemos que no todos aprendieron la lección.

En términos generales, después de la Segunda Guerra Mundial y hasta el pasado 20 de enero los Estados Unidos decidieron tomar el papel de promotor destacado del comercio internacional como fuente de prosperidad global, ya que además de generar beneficios económicos es un guardián de la paz mundial, porque cuando dos naciones comercian, tienen menos incentivos de entrar en guerra.

Donald Trump impulsó su campaña presidencial basándose en una serie de falacias, ya existentes, y diseminadas más o menos de manera uniforme a través del interior de Estados Unidos. Desafortunadamente, muchas de sus calumnias tuvieron como objetivo a México.

La mayor parte de sus infundios caen por su propio peso: la gente de origen mexicano no es estadísticamente más proclive a cometer delitos; la invasión mexicana no existe, puesto que la migración neta de México a EU ha sido negativa en los últimos cinco años.

Desafortunadamente, los argumentos mercantilistas son mucho más difíciles de destruir porque requieren análisis económico. En este sentido, uno de los ataques favoritos de Donald Trump en contra de México se basa en el déficit comercial que EU mantiene frente a su segundo socio comercial, por más de 60,000 millones de dólares anuales. Basado en esta cifra, califica al NAFTA como el peor acuerdo comercial jamás firmado . No obstante, omite mencionar que la mayor parte del déficit que EU mantiene con el resto del mundo ocurre frente a países con los que no tiene firmados acuerdos comerciales bilaterales. Por otro lado, consideremos que desde que Estados Unidos decidió, en Bretton Woods, que el dólar desplazara a la libra esterlina como la divisa mundial, es necesario mantener, hasta cierto límite, un déficit comercial con el resto del mundo para proveer suficientes dólares que respalden el comercio internacional.

El NAFTA o TLCAN se firmó hace más de 22 años y no sólo ha transformado la economía de México, sino la de toda la región.

No obstante, Trump asegura que por culpa del NAFTA, México roba empleos a Estados Unidos. Efectivamente, desde hace dos décadas, se han perdido 5 millones de empleos manufactureros en EU, pero sólo se han podido identificar 200,000 (4%) que han sido transferidos a México. El resto se automatizaron, se robotizaron o se transfirieron a China. Trump omite mencionar que cientos de industrias se digitalizaron: los fabricantes de libros, brújulas, mapas y enciclopedias, entre muchas otras industrias, desaparecieron a manos de la revolución digital. Pero no es políticamente rentable culpar a Silicon Valley por esta pérdida de empleos. Trump puede cancelar el TLCAN, pero no salvará un solo empleo, porque con ello no frenará ni la globalización, ni el cambio tecnológico que amenazan gran parte del empleo manufacturero en su país. Al contrario, se estima que más de 10 millones de empleos directos e indirectos en su país dependen de alguna u otra forma de la relación con México.

Trump prometió que un impuesto fronterizo de 20% a las importaciones mexicanas financiará la construcción de un muro antinatural e inservible de miles de kilómetros en nuestra frontera. Probablemente, pero este impuesto lo pagará el consumidor porque enfrentará mayores precios por los artículos que adquiere y le restará competitividad a toda la región.

Si se cancela el NAFTA, México y EU seguirán comerciando bajo el marco de la Organización Mundial del Comercio. Desde el punto de vista mercantilista, ésta no es una solución porque las tasas arancelarias que podría recaudar México en ese marco son superiores a las que EU puede cobrar a su segundo socio comercial.

Este tipo de argumentos son complicados para la mente simple de un demagogo, pero esperemos que su gabinete sea capaz de subrayar el gran peligro de terminar con el NAFTA, para más de 500 millones de personas que habitamos la región de América del Norte.

*Director general de Signum Research