Finta, vida, astucia .

Wong-Li.

La globalización es real. O sea, usted no puede dar ni medio paso sin toparse con ella. Si alguien no consigue empleo, no es a causa de cierto genio maligno, sino porque la economía del país crece poco, hace falta un mercado interno sólido y las inversiones no fluyen hacia la estepa insegura.

En efecto, ya lo pensó usted, ¿y la inseguridad? Claro que sí, aunque la delincuencia común se hincha por condiciones internas muy específicas, la delincuencia internacional organizada se ha convertido en un fenómeno inédito de la globalidad. Algunos intelectuales europeos se han hecho famosos diciendo que la globalización es un mito. En este momento, les basta con echar una mirada a su alrededor para constatar que ahí la tienen en todas partes: los indignados y el aumento constante del consumo de drogas.

La globalización del crimen organizado provoca violencia en algunos tangentes de esta esfera aplanada: América del Sur, Centroamérica y México, Irak, Afganistán y Pakistán, principalmente. Esto se debe a las enormes ganancias que están en juego y en que, a diferencia de Estados Unidos o de los países europeos, en estas amplias regiones no existen estructuras de seguridad y de inteligencia fuertes, y un sistema de justicia práctico y rápido.

Entonces, todo se tensa y estalla la violencia. No hay diques ni sistemas de regulación de este mercado por lo pronto ilegal, el cual estará ahí por los siglos de los siglos.

Primer paso a dar: acelerar en los estados y a nivel federal la construcción interna de estos diques, pétreos, profesionales, invulnerables a la corrupción. Hacer lo que se tiene que hacer internamente, ya que los dispositivos internacionales dependen de otras urgencias o amenazas.

Aun si es medio paso, en los estados fronterizos del norte ésa será la señal de que ya se puede invertir en México.

Tijuana lo ha dado y parece seguirle todo Baja California. Seguir con Juárez, la ciudad más violenta del mundo, y con Nuevo Laredo, convertido en cuartel de la delincuencia, según los servicios de espionaje estadounidense. Toda la frontera. La prueba será la inversión. No necesariamente la cifra de muertos, distinta según la fuente.

Si se da ese medio paso, México estará listo para una interconexión económica inédita con China, que en los próximos cinco años desplegará un mercado interno que sorprenderá nuevamente al mundo. La segunda oportunidad de México, dicen.