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Opinión

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La experiencia del chavismo

Acabo de leer un extraordinario libro titulado ¿Cuándo se jodió Venezuela?, De Raúl Gallegos y editado por Ariel. El libro narra con lujo de detalles y un estilo muy ameno los problemas que arrastra la sociedad venezolana desde hace varias décadas, así como el efecto paulatino que fueron teniendo las políticas de Chávez en Venezuela, en muy buena parte culpables de la situación tan trágica en la que se encuentran sumidos los venezolanos.

Venezuela tiene una estructura económica y social muy diferente a la mexicana, por lo que los postulados de lo que pasó ahí nos pueden servir como indicio de lo que puede venir, pero si lo que pretendemos hacer es simplemente extrapolarlos a nuestros resultados, seguramente serán equivocados.

Venezuela tiene una economía sumamente petrolizada y estatizada que nuestro país no tiene. En épocas de bonanza económica la tradición es el gasto dispendioso del Estado para financiar las necesidades de los consumidores venezolanos. Los venezolanos estaban acostumbrados a extender la mano del Estado providencia a cambio de nada, y su economía no estaba diversificada en otros rubros. Además, nunca hubo, como sí hay en otros países, un aprovechamiento o ahorro del dinero del petróleo cuando éste tiene cifras elevadas, como sí hacen muchos países petrolizados. De modo que sus crisis económicas son recurrentes.

El problema que supuso el gobierno de Chávez fue gradual: de declararse a favor de la ortodoxia económica y dilapidar el dinero del petróleo cuando estaba alto en los países vecinos; poner a las empresas petroleras extranjeras para limitar su expoliación del país y aumentar sustancialmente el Estado asistencialista, y el precio del petróleo se desplomó. Fue un poco antes cuando se declaró socialista del siglo XXI —sea esto lo que quiera ser—, pero sus programas asistencialistas disminuyeron sustancialmente, y poco a poco fue introduciendo medidas erráticas, como varios tipos de cambio controlados, exagerados controles de precio y expropiaciones totales de industrias, junto con un lenguaje polarizador en contra del capitalismo, sinónimo a su juicio del mismo demonio. Le quitó la autonomía económica y financiera a Pdvsa (el Pemex venezolano), disminuyendo de forma brutal su capacidad de producir petróleo, a pesar de las constantes metas fuera de la realidad. En cuanto a las otras medidas mencionadas, el efecto fue claramente el contrario, o no al menos el que se esperaba. Con los controles de precios dejó de haber abastos en los mercados, muchas empresas simplemente renunciaron a funcionar y curiosamente, lejos de alcanzarse una competencia controlada o un control de los abusos capitalistas, el efecto fue el contrario: las tradicionales élites del poder económico venezolano —¿suena a algo parecido separar el poder económico del político?— fueron sustituidas por otras y el mercado, con el fin positivo que supone el acicate de la competencia, desapareció, con lo que aparecieron nuevos monopolios públicos y privados y una falta de surtido de los productos a los venezolanos, quedándose además el gobierno central sin dinero para pagar las exportaciones en dólares. Con la disminución de los precios del petróleo, Chávez, envalentonado —sin permitir la libertad de expresión—, y echándole la culpa a los capitalistas de la falta de productos, en lugar de corregir el rumbo, se reafirmó más en él, creándose un mercado negro de todos los productos, incluyendo los dólares, y comenzando un rumbo de decrecimiento profundo —con explosiones de los niveles de inflación— en el que se hallan los pobres venezolanos, acompañado por un aumento enorme de la inseguridad y un empeoramiento sustancial con el advenimiento del chofer de camión Maduro, que sólo ha hecho volver en crisis humanitaria la situación del país.

¿Qué lecciones podemos ver para México? Gracias a Dios, nuestra economía se encuentra sumamente diversificada y el dinero está en manos de los empresarios, no del gobierno, con lo que los daños colaterales no serían a nuestro juicio tan espantosos. Pero hay que poner límites al poder y fortalecer la sociedad civil si no queremos que su sombra se nos acerque.

*Máster y doctor en Derecho de la Competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de Competencia, Protección de Datos y Consumidores del despacho Jalife& Caballero.

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