Existe un cambio en los negocios en todo el mundo que está sucediendo en el tiempo en que escribo esta nota. Este cambio es sobre el valor de los valores. Cada vez más escuchamos junto a conceptos de posicionamiento de marca, en distintas variantes, argumentos sobre los valores de las mismas. Los valores al final tienen que ver con el marco ético sobre el cual una compañía es construida. Desarrollar innovación no es un tema ajeno a la ética corporativa, y en su gran mayoría los grandes movimientos de innovación están construidos alrededor de resolver una necesidad desde un punto de vista más o menos humano. Añadir más humanidad a la organización, al crear sentimientos fuertes de pertenencia, reforzar la confianza, liderar por compasión y tener un código de conducta ético, es hoy en día una de las mejores formas de crear marcas, interacción y sostenibilidad, que hoy en día son la base de las compañías para sobrevivir.

El proceso de innovación, si bien trae grandes ventajas en el sector empresarial que son fácilmente convertidas en ahorro sobre los gastos, en ingreso sobre las ventas o en una mejor experiencia para nuestros clientes, también tiene una gran responsabilidad ética y de valores. Una de las principales cosas que hay que considerar al innovar es el desplazamiento de la fuerza laboral como resultado del cambio. Si bien en su gran mayoría mejorar procesos o integrar tecnología desplaza a los empleados en la corporación, no siempre es una mejora en el desempeño, pues los procesos y la tecnología también tienen una curva de aprendizaje, y siempre se tiene que tomar en cuenta el compromiso de la compañía con sus trabajadores. 

La innovación es como la relevancia para las redes sociales, puede ser usada para generar cambios positivos en el ecosistema corporativo y de valor, pero también para generar cambios negativos. Un gran ejemplo de esto es la responsabilidad que conlleva el manejo de información en cualquier servicio en la web o aplicación móvil. Hemos visto incontables casos de abuso descontrolado de venta de información, uno de los más famosos Cambridge Analytica. Todo parte de proveer un servicio para satisfacer una necesidad específica y, en su proceso, almacenar información sin necesariamente el debido permiso o bajo un marco legal gris en donde se detona un segundo negocio, el manejo y la venta de información. Todos pensamos que es ilegal, pero en realidad está sucediendo a la luz del día. Es decir, ¿cuántos de nosotros no le damos aceptar a la página de términos y condiciones? En otras palabras, a ese contrato interminable que nos aparece cuando creamos una cuenta de Facebook o cuando descargamos una aplicación móvil. Si tuviéramos el tiempo y la costumbre de leerlo, nos daríamos cuenta de todos los derechos del uso de nuestra información que estamos cediendo al dueño del servicio web o de la aplicación. En la gran mayoría de estos “términos y condiciones”, estamos autorizando a que parte de nuestra información o la totalidad sea propiedad del medio, a que la misma se comporte de forma indiscriminada o se utilice para que de forma agregada pueda ser vendida por el medio para otros fines, y todo de forma legal, pues damos consentimiento. 

El riesgo ético más importante en el proceso de innovación se da en la industria militar, y no es el más positivo. Las grandes innovaciones tecnológicas suceden décadas, sí, están leyendo bien, décadas antes de que los consumidores podamos siquiera leer de ellas. El porcentaje del gasto en innovación más grande del mundo se da justo en la industria militar. Algunos ejemplos de grandes innovaciones en este rubro han sido la Revolución Industrial, que trajo el uso del vapor para armamento, y la creación de armas semiautomáticas y los primeros tanques de guerra.

Posteriormente, en la Segunda Guerra Mundial, se dieron los avances tecnológicos más importantes en la industria de la aviación, comunicación, geolocalización y, por supuesto, en el desarrollo de armas. De la mano de esto, la industria médica militar trajo un sinfín de descubrimientos y avances científicos, tristemente los más célebres relacionados con el genocidio, modificación genética, experimentación psiquiátrica y armamentos biológicos, entre otros. La Guerra Fría, de la mano de la carrera espacial, es otro gran ejemplo del desarrollo de innovación de la mano de la milicia. 

Sin embargo, hoy en día existen avances significativos para crear marcos de trabajo ético alrededor de los procesos de innovación. Algunas de las cosas a considerar son asegurarnos de que la innovación demuestre y mantenga respeto por la dignidad humana, que involucre al usuario final desde el inicio del proceso, asegurando con esto siempre una perspectiva de usuario, balancear e identificar beneficios y amenazas. Cada innovación trae consigo una serie de elementos positivos y negativos, los cuales es imprescindible analizar para lograr un balance positivo en la mezcla de los mismos; minimizar los efectos colaterales negativos; preocupación para grupos vulnerables, y por último justicia, en el sentido en donde los innovadores necesitan tener una consideración cuidadosa de los riesgos asociados con sus proyectos y un plan efectivo para cuando los riesgos negativos superen los beneficios.