De acuerdo con la información que ayer dio a conocer el Inegi sobre el Indicador Oportuno de la Actividad Económica para marzo de este año, se anticipa que en el tercer mes del presente año se empezó a perfilar una recuperación de la actividad económica, lo que no impediría que para el cierre de primer trimestre se registre una caída frente al PIB del primer trimestre de 2020, algunos estiman que podría ubicarse en -3.0% anual. Hay que apuntar que en el primer trimestre de 2020, la economía aún no reflejaba los efectos de la pandemia, pero que sí reflejaba ya un anémico desempeño.

Con lo observado en marzo, algunos analistas anticipan ya que para abril la economía empiece a mostrar una recuperación más importante y que, dado el nivel tan deprimido en el que se encuentra, se traducirá en tasas de crecimiento anual de doble dígito. Sin duda es una gran noticia que la economía de nuestro país haya detenido su declive y que se coloque en una tendencia de recuperación, pero desde mi punto de vista, estamos muy lejos de poder echar las campanas al vuelo.

Lo digo porque no resultará nada extraño que en mayo, el presidente López Obrador empiece a presumir que en abril se creció a una tasa que no se había observado en décadas, vendrá la risita socarrona en la mañanera después de mostrar el número; también se ufanarán en presumir que durante el período que la 4T insiste en calificar como el “período neoliberal” no hay un solo mes en el que se haya registrado una tasa de crecimiento anual como la que probablemente se reportará para abril. El detalle es que se trata de una ilusión óptica, pues la caída fue tan profunda y sostenida, que la base sobre la que se calculará el crecimiento es más pequeña, y por tanto, las tasas de crecimiento parecerán una hazaña.

Sin embargo, que no se nos olvide que el desmantelamiento institucional que ha emprendido la 4T, junto con los ya acostumbrados cambios caprichosos a las reglas del juego, particularmente en el ramo energético, la actitud desafiante y en ocasiones amenazante hacia la inversión extranjera, y el casi inexistente apoyo a la economía mexicana para hacer frente a la pandemia, así como el muy lento proceso de vacunación contra el Covid, han provocado que la capacidad potencial para crecer de nuestra economía se haya reducido frente a la que tenía en diciembre de 2018 cuando la 4T recibió el poder. Y no solo eso, sino también que aún con las tasas de crecimiento que se estima podrían ocurrir en los siguientes meses, no será sino hasta el cierre de 2022 cuando se pueda pensar que quizá hayamos regresado a los niveles prepandemia.

En ese momento habrá que recalcarles que el PIB se encontrará aún en un nivel muy por debajo de aquel que se registraba cuando llegaron, que aún no se habrán recuperado cientos de miles de empleos formales a partir de la irrupción del Covid-19, que tampoco se habrán recuperado aún entre un millón y dos millones de empleos informales, que se estima que hoy hay entre 9 y 10 millones más de mexicanos en situación de pobreza que los que se estimaba que había hace un año, y que como bien lo dijo el Departamento del Tesoro en su reporte semestral, el costoso apoyo para regresarle a Pemex y CFE no solo su presencia sino su dominancia en sus respectivos mercados en México, está desplazando las posibilidades de invertir en un mejor futuro para los mexicanos. Así que estamos avisados, ahí viene la cantaleta presuntuosa, aunque no hay nada que la 4T pueda presumir o algo que ofrecer.

@GerardoFloresR

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico

Lee más de este autor