La semana pasada escribí en este espacio sobre el probable desempeño de la economía a partir de abril, mes a partir del que los analistas están previendo un rebote en el crecimiento, explicado fundamentalmente por el hecho de que buena parte de los sectores de la economía mexicana ha retomado el ritmo de actividad, pero ello no significa que ahora se produce, se consume o se invierte mucho más que antes. Así que básicamente se trata de un efecto inercial de una economía que después de un fuerte frenón, empezó a avanzar nuevamente, pero al ritmo semi lento que trae desde principios de 2019.

Ayer Inegi reveló el dato sobre el comportamiento del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) para febrero, que mostró una caída frente a enero de 0.3%, es decir, que se registró un descenso en el ritmo de actividad económica. El dato es mejor que un estimado muy preliminar que había dado a conocer con anticipación Inegi, pero quedó por debajo de lo que los analistas esperaban realmente. Así que la economía sigue mostrando signos poco contundentes de que se va a levantar fuerte como se promete de cotidiana desde el gobierno actual.

De hecho, el nivel alcanzado por el IGAE se compara con el nivel reportado entre diciembre de 2015 y enero de 2016. Así que seguimos muy rezagados, incluso en comparación con los niveles pre pandemia. Al mismo tiempo que comentamos esto respecto a la prospectiva para la economía mexicana, la economía de los Estados Unidos muestra cada vez con mayor consistencia un ritmo de recuperación tal que ya hay quienes estiman que hacia la segunda mitad de este año, estará creciendo por encima de su ritmo potencial previo a la pandemia, lo que además permite prever hacia finales de este año, la economía de nuestro vecino del norte no solo habrá recuperado el terreno perdido como consecuencia del choque producido por la pandemia del Covid-19, sino que además habrá avanzado un poco más allá.

Para poder recuperar el terreno perdido por la economía mexicana, no solo en el último año, sino prácticamente desde que inició la presente administración resulta imperativo que se envíen señales claras a los inversionistas en el sentido de que no se seguirán impulsando cambios discrecionales a las reglas, que no se seguirán adoptando decisiones poco analizadas, que no se seguirá creando más incertidumbre, que es el factor clave para explicar el pobre desempeño en materia de inversión en los últimos dos años y medio.

El gasto público en grandes obras de infraestructura por sí solo no sacará a México del marasmo en el que se encuentra sumergido hoy en día, y mucho menos si tales obras de infraestructura empiezan a mostrar rezagos relevantes conforme se acerque la fecha prometida de conclusión.

Preocupa, que con lo que se ha hecho, lo que se ha dejado de hacer y las señales inciertas que se han estado enviando a la inversión, México lejos de ser considerado como una economía con estrella, con un futuro prometedor que permitiría a su población mejorar de manera sistemática y permanente su nivel de bienestar, ahora es visto como una más de esas naciones latinoamericanas que inexplicablemente se han empeñado en auto zancadillarse y estancarse en cuanto a sus posibilidades de desarrollo. ¿Es eso lo que realmente quería el presidente López Obrador? No lo creo, por ello, aún tiene tiempo de corregir el rumbo.

@GerardoFloresR

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico

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