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Opinión

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La doctrina de Biden ante Rusia

En el tercer año de gobierno, el presidente Joe Biden no ha establecido una doctrina de política exterior específica, sino una confluencia de ideas y coyunturas que no representan un principio coherente de política internacional.

Históricamente, las doctrinas de los presidentes de Estados Unidos cuando de temas exteriores se trata, son más excepciones que reglas. Por ejemplo, la Doctrina Monroe de 1823 del presidente James Monroe no fue concebida como una doctrina, sino como una declaración en un mensaje al Congreso. De igual manera, la Doctrina Truman de 1947 nunca fue pensada como una estrategia general para manejar la Guerra Fría, ni fue implementada como tal. Otros presidentes, por ejemplo Jimmy Carter, establecieron doctrinas pero en realidad no las implementaron.

Durante la Guerra Fría, las administraciones desde el presidente Harry Truman hasta el presidente George H.W. Bush practicaron alguna forma de contención. La inconsistencia posterior en política exterior desde 1989 en el gobierno de los Estados Unidos se debe a la resistencia de los dos partidos políticos para encontrar acuerdos y negociaciones dentro de un ambiente de polarización y desentendimiento.

Joe Biden llegó a la Oficina Oval con la promesa de revertir el enfoque de “Estados Unidos primero” de Donald Trump que había anulado el papel central de Estados Unidos de mantener unidas las alianzas globales. Pero luego del desastre de Afganistán y otras pifias y omisiones en el escenario internacional, Biden se encuentra encerrado en una nueva lucha existencial con Rusia que recuerda el dilema con el que también se encontró John F. Kennedy durante la Guerra Fría con los soviéticos.

En ese sentido y ante la escalada del conflicto entre Estados Unidos y Rusia, hoy se puede afirmar que no existe una doctrina Biden que sea una clara declaración de los intereses vitales de Estados Unidos y dé una idea de lo que Estados Unidos estaría dispuesto a hacer en apoyo de esos intereses.

Durante sus primeros meses al frente de la Casa Blanca, Biden estaba tratando de terminar con las guerras eternas y promovió una política exterior para la clase media. La administración Biden tenía una clara tendencia a priorizar asuntos externos que se ajustaran a su agenda interna como por ejemplo la política climática, los problemas sociales y la lucha contra las amenazas a la democracia.

Generalmente la administración Biden prefiere el poder blando que el poder duro. Confía más en las normas e instituciones internacionales para mitigar el comportamiento nacional que las confrontaciones directas.

Pero tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia hace un año, la doctrina Biden parece ser más una defensa del mundo libre, específicamente contra los poderes autocráticos como China y Rusia. En lo que fue una historia de dos visiones, el martes, el presidente ruso, Vladimir Putin, pronunció un extenso discurso sobre el estado de la nación en el que anunció que Rusia ya no cumplirá con el nuevo tratado de control de armas START que ha estado en vigor durante más de una década. Unas horas más tarde, Joe Biden, pronunció un himno a la libertad en Varsovia mientras reunía a los aliados y sostenía que Estados Unidos seguirá ayudando a Ucrania a defenderse a largo plazo. El discurso se produjo un día después de que hiciera un viaje sorpresa a Kiev para reunirse con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky.

El viaje de Biden a Kiev es parte de su política exterior con respecto a la posición de Estados Unidos ante la invasión de Rusia y que consiste en tres ejes fundamentales:

Reunir aliados y socios para proporcionar armas y otra ayuda a Ucrania, imponer sanciones importantes a Moscú y reforzar las defensas de la OTAN. Una política que ha impedido que Vladimir Putin sometiera a Ucrania durante un año.

Biden ha advertido sobre una Tercera Guerra Mundial. Ha entendido lo que está en juego. Rechazó una zona de exclusión aérea muy pronto. Es consciente de los riesgos de una escalada. Pero preocupa que haya una escalada de la retórica, así como el apoyo militar real que está enviando Occidente. La administración ha enmarcado fuertemente el apoyo a Ucrania en términos de apoyar una democracia contra la agresión de una autocracia, lo que, por supuesto, se traduce en un aumento de las tensiones con China y hace que la gente vea a Taiwán a la luz de Ucrania.

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