Muchas personas confunden dos herramientas fundamentales para la construcción del patrimonio: el ahorro y la inversión.

En realidad ahorrar e invertir son dos cosas distintas, aunque complementarias. Sin ahorro, no puede haber inversión.

¿Cuál es la diferencia? Ahorrar es simplemente separar una parte de nuestro ingreso, antes de gastarlo. ¿Por qué ahorramos? Para lograr objetivos futuros. Ahorrar implica gastar menos de lo que ganamos: tener un excedente que podemos después invertir, para hacerlo crecer.

Invertir entonces es, simplemente, poner ese dinero a trabajar para nosotros. Para que genere más dinero y le aporte valor a nuestra vida. De esta manera, se logra que el patrimonio crezca, gracias a la magia del interés compuesto. También nos permite conservar el poder adquisitivo de lo que hemos ahorrado.

Esto último es muy importante. No podemos “invertir” en pagarés bancarios que pagan menos que la inflación. No tiene ningún sentido hacerlo: al final del plazo tendremos aparentemente más dinero, pero su poder de compra será menor. Nuestro patrimonio, en términos reales, habrá disminuido.

Entonces: si no ahorramos, no podremos invertir. Pero si no invertimos con inteligencia, nuestro ahorro valdrá menos o simplemente no alcanzará para lograr lo que realmente queremos en la vida.

Ahora bien, antes de invertir tenemos que tener muy claras dos cosas:

1. Nuestro objetivo y horizonte de inversión

2. Nuestra tolerancia al riesgo

¿Por qué? Simplemente porque no es lo mismo invertir dinero que quizá tengamos que sacar el próximo mes, o que podamos necesitar en caso de emergencia, que invertir dinero para nuestro retiro y que no necesitaremos en los próximos 30 o 40 años.

Como uno puede entender, son dos necesidades diferentes. En el primer caso, como es dinero que quizá podamos necesitar en un momento dado, tenemos que invertirlo en instrumentos de alta liquidez. Además, necesitamos que su crecimiento sea sostenido, con muy poca volatilidad.

En cambio, cuando invertimos con un horizonte de muy largo plazo, la liquidez no es una prioridad. Por otro lado, podemos tolerar una cierta volatilidad a cambio de un mayor rendimiento.

Para ilustrarlo de una forma más simple: no podemos usar dinero que quizá necesitemos pronto, para comprar una casa o invertir en un negocio. Porque si se presenta una emergencia y tenemos que echar mano de él, no podremos hacerlo de forma inmediata. O en dado caso, tendríamos que malbaratar esa casa o negocio asumiendo una gran pérdida, para poder tener esa liquidez que tanto nos urge.

Por eso es importante, siempre, invertir en instrumentos que sean adecuados a nuestros objetivos de inversión. Al horizonte que tenemos, al plazo en que nuestros recursos pueden permanecer invertidos.

Pero también es importante dormir tranquilos por las noches. Todos tenemos personalidades distintas y hay personas mucho más aventuradas que otras. Algunos prefieren una vida serena y calmada, otros son adictos a la adrenalina.

En materia de inversiones, esto se traduce en nuestra tolerancia al riesgo: la volatilidad que podemos asumir sin que nos entre insomnio. Asumir más riesgo del que podemos tolerar implica que, en algún momento de crisis, nos puede entrar pánico que nos haga tomar malas decisiones.

Eso se logra construyendo un portafolio de inversión diversificado.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com