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Opinión

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La crisis de las fórmulas lácteas en Estados Unidos

Liliana Martínez Lomelí

En este mes de mayo, se vive una de las mayores crisis de escasez de fórmulas lácteas para bebés en Estados Unidos. En algunos establecimientos se ha limitado la compra de latas de fórmula a cuatro latas por persona. Parecería que se revive la crisis de escasez de algunos alimentos y papel de baño que se vivió al principio de la pandemia, en parte por la histeria colectiva que derivó en el acaparamiento de ciertos productos. Pero además de la crisis de cadenas de suministro que se ha vivido en todos los niveles de la manufactura y producción a nivel global, a la crisis de las fórmulas lácteas se agrega una variante que ha despertado toda serie de debates en Estados Unidos. La FDA (la Food and Drug Administration), el organismo federal que regula los productos alimenticios, suplementos y medicamentos en Estados Unidos, cerró la planta de Michigan de Abbot Nutrition, una de las principales fabricantes de fórmulas lácteas, que posee 40% del mercado de las fórmulas, por haber encontrado presencia de bacterias en algunas de las fórmulas lácteas que salieron al mercado, lo que provocó enfermedades en bebés que las consumieron.

La escasez de fórmulas lácteas ha provocado diferentes reacciones, tanto a nivel microsocial como en lo macrosocial. A nivel microsocial, muchos padres de familia se han visto obligados a recorrer más de 10 horas de camino de carretera en busca de fórmulas, incluso cruzando la frontera para adquirirlas en México. Algunos padres han elaborado “fórmulas caseras” con ingredientes poco aconsejables para niños lactantes. Recordemos que los bebés se alimentan exclusivamente de fórmula láctea o de leche materna hasta los 6 meses de nacidos, por lo que cualquier alimento introducido antes de tiempo representa riesgos para la salud.

A nivel macrosocial, se ha generado una serie de cuestionamientos sobre la capacidad del Estado y la iniciativa privada en Estados Unidos para garantizar las condiciones básicas de salud y nutrición para la infancia. Resulta paradójico que uno de los países más ricos del mundo, al tener una de las plantas de fabricación de fórmulas cerrada, se genere una crisis de alimentación en los niños. Algunas voces condenan, en el mercado de fórmulas, básicamente cuatro grandes fabricantes acaparan el mercado. Algunos republicanos, aprovechando la coyuntura, han culpado hasta a la política migratoria de la administración del presidente Biden como la culpable de esta crisis. Un hecho que sí resulta urgente por diferentes acontecimientos en la industria de alimentos y de fármacos, es la urgente necesidad de reestructuración de la FDA. La reestructuración incluye el fortalecimiento de los mecanismos de supervisión de las industrias, pero también un cuestionamiento más profundo sobre las categorías de alimentos y medicamentos.

Además, se ha vuelto a poner el dedo en la llaga sobre la ineficacia de las políticas públicas en Estados Unidos para la promoción de la lactancia exclusiva por lo menos durante el primer año de edad. Existen voces pro lactancia más radicales que han incluso llegado a culpabilizar a los padres por no haber elegido la lactancia materna. Pero más allá de los padres, también la lactancia es un tema estructural para permitir a las mujeres mejores condiciones laborales para seguir con la lactancia en la vuelta al trabajo. Como en muchas otras ocasiones, una crisis es lo que permite replantear no sólo las estructuras sistémicas sino también las actitudes individuales.

 

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Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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