Aunque comienzan a darse algunas señales incipientes de que la crisis global en las cadenas de suministro podría haber pasado su peor momento, la escasez de inventarios en Estados Unidos está alcanzando su punto más crítico en décadas.

El Índice de Inventarios a Ventas al Menudeo publicado por el US Census Bureau –medido como el cociente entre el valor de los inventarios y las ventas al menudeo al cierre de cada mes ajustadas por estacionalidad– se ubica en su nivel más bajo desde que comenzó su registro en 1992.

El índice al cierre de septiembre se ubicó en 1.09, lo cual implica que los negocios tienen mercancía en inventario para cubrir solamente 1.09 meses de ventas. El promedio histórico de este índice, hasta antes de la llegada de la pandemia, era de 1.53 y su nivel en diciembre de 2019 se ubicaba en 1.44.

Con el arribo del confinamiento global en marzo del 2021 –que significó un alto súbito y prácticamente total de todas las actividades económicas no esenciales y un desplome en la demanda agregada– el índice alcanzó un máximo histórico de 1.67 en abril de ese año.

Sin embargo, la cifra comenzó a disminuir cuando el consumo comenzó a reactivarse a partir del inicio de la reapertura en junio del 2020 y de manera más acelerada desde febrero de este año. La caída se da porque el ritmo de recuperación de la demanda de bienes ha sido muy superior al ritmo de reactivación de la oferta.

La estrepitosa caída del índice se refleja como una creciente escasez de productos y anaqueles vacíos en la vida diaria. La situación se vuelve especialmente precaria porque el choque por el lado de la oferta se da de la mano de un importante repunte en el consumo. Ante esta situación, los comercios han comenzado a agotar sus inventarios y los precios de los bienes más escasos han subido marcadamente.

El hecho que los inventarios se acerquen a un nivel que podría estar por debajo del equivalente a un mes de ventas, podría traducirse en mayores presiones inflacionarias hacia finales de este año. Sin embargo, la fuerte disminución en los niveles de inventarios que se vive actualmente no debería ser un fenómeno permanente.

La disipación gradual de los cuellos de botella en las cadenas de suministro debería implicar una regularización en los niveles de inventario que gradualmente deberían acercarse al promedio histórico de 1.4 a 1.5 meses de ventas.

Este fenómeno de acumulación de inventarios debe tener un impacto positivo en las cifras del PIB de Estados Unidos para el 2022. En términos básicos de teoría económica, el PIB se puede medir por el lado del gasto o por el lado de la producción.

Si lo medimos por el lado de la producción, el PIB es la sumatoria de los valores de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos en el país.

Como explica Jonathan Heath en su artículo “El Papel de los Inventarios” (https://jonathanheath.net/el-papel-de-los-inventarios/), al usar esta metodología no se distingue si los bienes finales producidos se vendieron o no.

Por lo tanto, para computar el PIB de manera adecuada es necesario considerar la diferencia entre la producción y las ventas, lo cual es visible en los niveles de inventarios.

En el entorno actual que combina una expansión de la demanda agregada y disrupciones por el lado de la oferta, la producción se está quedando por debajo de la demanda, generando un fenómeno no planeado de disminución en los niveles de inventarios.

En este contexto, lo natural sería que conforme se disipen las disrupciones en las cadenas de suministro y aumenten los niveles de producción, también aumenten los inventarios hasta llegar a un nivel normal consistente con el ciclo de expansión.

De acuerdo a varios especialistas, como Michael Feroli, economista en jefe de J.P. Morgan en Estados Unidos, la reposición de inventarios a niveles consistentes con el promedio histórico podría añadir hasta medio punto al consenso de crecimiento estimado del PIB de EU para el 2022 que hoy se ubica en 3.5 por ciento.

joaquinld@eleconomista.mx

Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Socio Director de EP Capital, S.C.

Sin Fronteras

Joaquín López-Dóriga Ostolaza es Socio Director de EP Capital, S.C., una consultoría especializada en fusiones y adquisiciones fundada en 2009.

Es egresado de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana, donde se graduó con mención honorífica y el promedio más alto de su generación. Cuenta con una Maestría en Economía de la London School of Economics, donde fue distinguido con la Beca British Council Chevening Scholarship Award.

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