No es necesario exagerar para justificar las coberturas petroleras. Además de generar mayor predictibilidad en las finanzas públicas, valiosa de por sí, hay amplias evidencias de los retornos positivos que han generado para el país.

Son caras. Entre 2001 y 2017, la contratación de opciones financieras que garantizan un precio mínimo de venta para la mezcla mexicana de exportación –las coberturas petroleras-- costó 193,358 millones de pesos. Pero, de acuerdo con los datos del Instituto Belisario Domínguez, representan una inversión que vale la pena. En el mismo periodo, las coberturas petroleras han prevenido que el erario tuviera un boquete de 265,598 millones de pesos por diferencias entre los ingresos reales y presupuestados. En años en los que la caída de los precios del petróleo ha sido estrepitosa, como en 2015, los ingresos que generaron han llegado a ser 6 o 7 veces los costos.

Con estos precedentes, 2020 pintaba para ser un año estrella para el programa de coberturas de Hacienda. El presupuesto de egresos de la federación, que típicamente establece la base del precio que se fija para las coberturas, estableció un precio de 49 dólares por barril. Y el precio promedio entre diciembre de 2019 y noviembre de 2020 fue de 36.4 dólares por barril, generando un importante diferencial de 12.6 dólares por barril.

Típicamente, sería muy claro que es equivocado multiplicar automáticamente este diferencial por los casi 600 millones de barriles que Pemex habrá producido en todo el año. Históricamente, la cobertura se ha limitado a los barriles que se exportan, no a la producción total. Pero este año el gobierno insistió que todo estaba cubierto. En abril, el presidente López Obrador ya aseguraba que México recibiría 6,000 millones de dólares. El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, fue más allá: “el gobierno federal cubrió todo lo que teníamos en el presupuesto. No vamos a perder nada.”

Si esta última declaración fuera cierta, el ingreso por las coberturas tendría que ser de 7,500 millones de dólares. 8,500, de hecho, si le sumamos el costo de las coberturas – que, de acuerdo con el mismo secretario, es de unos 1,000 millones de dólares por año.

Esto contrasta con la realidad. De acuerdo con la información reportada por Javier Blas y Nacha Cattan de Bloomberg, México va a recibir 2,500 millones de dólares.

Sin el contexto de las expectativas, es una gran noticia para el país. Implica un retorno nominal de 150% en un año, calculado sobre una inversión de 1,000 millones. Sería difícil encontrar alguna otra inversión petrolera del gobierno que pueda competir con esa rentabilidad. Sobre este tipo de números, aún bajo la torcida lógica política que luego se sigue, ¿qué necesidad habría de inflar o exagerar?

Desafortunadamente, este numerote no deja de ser menos de la mitad de lo que el presidente estimó. También es menos de un tercio de lo que el secretario de Hacienda implicó con sus comentarios.

De confirmarse oficialmente, mostraría contundemente que ni Pemex ni los mexicanos estamos aislados de los vaivenes de los precios petroleros globales. Los datos de Bloomberg sugieren que, de los 12.6 dólares por barril que hubo de distancia entre el presupuesto y realidad, las coberturas sólo nos regresaron unos 2.5 dólares netos por barril. Contrario a las expectativas de cobertura total que el gobierno creó y alimentó, sólo se habría subsanado el 19.8 por ciento del quebranto al presupuesto que se generó por la caída de los precios del petróleo. El 80.2% perdido equivale a 6,000 millones de dólares, 3 veces el gasto estimado para vacunar a todo México contra el Covid-19.

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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