Una araña es un bicho muy común, casi tan común como la gente que tiene miedo de las arañas. A mí me gustan las arañas, me caen bien, pero cuando una me cayó en el hombro y caminó brazo abajo, algo se puso en funcionamiento en mi interior de manera inmediata, que sin mediar respuesta consciente sacudió mi brazo y lanzó la araña a un rincón de la habitación: mi Sistema Nervioso, el encargado de todas las acciones motrices y de comunicación de tu cuerpo, la computadora que maneja tu cuerpo mientras tu mente se ocupa en cosas más elevadas, como tomar tu café.

Siendo los animales más arriba en el árbol evolutivo, nuestro sistema nervioso es particularmente complejo y con niveles de organización altamente especializados, principalmente se destacan el sistema nervioso central, formado por tu cerebro y médula ósea, y que componen la unidad de integración y respuesta a los estímulos que recibimos y las acciones consecuentes (el que decidió que no quería una araña en su brazo) y el sistema nervioso periférico, la red de nervios que recolecta información, lleva mensajes y mantiene en movimiento la nada simple maquinaria de tu cuerpo.

Como es un canal de comunicación funciona de manera bidireccional, la parte aferente o sensorial es la que se encarga de llevar información al SNC (“Hey, hay una araña en tu brazo”) y la parte eferente o de respuesta motriz, la que hizo que mi brazo se moviera rápidamente para arrojar la araña, y también la taza de café que estaba tomando.

La parte motriz contiene a su vez los sistemas nerviosos somático, que se encargan de la transmisión de información relativa a nuestra posición en el espacio y la relativa al movimiento del cuerpo, además de colaborar en el envío de la respuesta sensorial; y el autónomo, que regula las funciones básicas de las que no tenemos, afortunadamente, que hacernos cargo de manera consciente, como la digestión y respiración, mantiene tu corazón latiendo, etcétera.

El sistema nervioso autónomo se divide en el sistema simpático que estimula el cuerpo para acelerar el movimiento (¡Aah, una araña!) y el sistema simpático, que lo relaja (Calma, no era un alacrán, tú tranquilo; ve y saca esa araña) y todos estos están formados por tejido nervioso, principalmente neuronas y células gliales.

Las primeras son las más populares, las que escriben ensayos y ganan premios, las primas altamente especializadas y diferenciadas. Las neuronas son también algunas de las células más longevas del cuerpo, lo cual es muy conveniente dado que una vez que se define su función está pierde la capacidad de reproducirse; y se dividen en múltiples tipos según su función, morfología y tipo de sinapsis, es decir el tipo de conexión que tienen con otras células neuronales. También tienen un muy alto índice metabólico, lo que significa que requieren pantagruélicas cantidades de oxígeno y sobre todo glucosa: alrededor del 25% de tu consumo calórico diario se invierte en alimentar únicamente a tu cerebro.

Todas las células neuronales comparten una estructura común: están formadas por el soma o cuerpo celular que contiene las partes vitales para funcionamiento de la célula incluyendo el núcleo; las dendritas, cuyo nombre proviene del griego para árbol que describe su apariencia con mucha exactitud, se encuentran en uno de los extremos de la neurona y se encargan de recibir los mensajes que llegan a la célula, son la parte receptora. En el otro extremo está su contraparte transmisora, los axones capaces de transmitir mensajes desde unas micras hasta más de un metro, desde la base de tu columna hasta tu pie derecho, distancia apenas imaginable en términos celulares.

Si tomamos en cuenta que algunas neuronas tiene más de mil dendritas (hasta diez mil) es fácil comprender que en un cerebro adulto promedio puede haber hasta 500 billones de sinapsis, la conexión eléctrica o química que se establece entre dos o  más neuronas y que es la función de la gran estructura que es el sistema nervioso; son las que se encargan de todas las funciones de nuestro cuerpo, desde asustarse por una araña o digerir una manzana hasta realizar un triple salto mortal hacia atrás.

Utilizando mensajeros químicos o señales eléctricas, las sinapsis conectan la práctica totalidad de nuestro cuerpo, permitiendo a nuestro cerebro hacerse cargo de mantenernos vivos funcionales y está interconectado con todos los demás sistemas de nuestro cuerpo para participar en procesos como la reproducción, el movimiento, la percepción del entorno, los instintos, el deseo sexual, por nombrar algunos.

Tenemos más de cien neurotransmisores diferentes además de la serotonina y la dopamina, y unos de sus principales productores y reguladores son las células gliales, las primas menos famosas pero igualmente importantes de las neuronas. La interacción de los receptores de la célula con los neurotransmisores son los que causan en los animales la adicción a las drogas, al estimular o bloquear los efectos en la célula por una exposición prolongada. También son importantes al momento de enamorarnos, pues forman parte del cóctel químico y emocional que llamamos amor, regulan el sueño y hacen todo lo posible por hacer del momento de nuestra muerte lo menos doloroso posible.

El SN y sus complejos ayudantes hacen todo para mantenernos vivos y con la mente desocupada para poder crear cosas más grandes que nosotros mismos y nos ayuda con las acciones más cotidianas, algunas incluso desapercibidas por nosotros; nos deja sentir la brisa del mar en la piel el sol en la cara, en agua en los tobillos y la arena en los pies, y percibir el menor movimiento de patitas bajo ellos mientras pensamos en cuánto nos gustaría quedarnos en esa playa; con suerte sin hacernos también gritar de miedo por la sorpresa de pisar un cangrejo. Porque puede hacerlo, y nosotros no podemos evitarlo

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Ramón Martínez Leyva

Ingeniero

Un pálido punto azul

Es ingeniero en Sistemas Computacionales. Sus áreas de conocimiento son tecnologías, ciencia y medio ambiente.

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