Muchos de los problemas que hoy enfrentan las sociedades son resultado tanto de la aceleración de tendencias sociodemográficas, como de lo limitados que resultaron los análisis de décadas previas, respecto de qué tan rápido y qué tan profundos serían dichos cambios.

La falta de comprensión o de conocimiento de la información existente sobre dichos cambios, hace que aun existan visiones y diagnósticos que no tienen nada que ver con la realidad que los países enfrentan.

En China, por ejemplo, pese a haber decretado una flexibilización de la política de hijo único en el 2015, la tasa de natalidad para 2019 fue la más baja desde 1949.

En México, la tasa de natalidad a finales de 2010 aceleró una caída que ya venía registrando desde décadas anteriores. Entre 1999 y 2009 el número de nacimientos anuales se redujo en poco menos de 200,000; mientras que entre el 2009 y el 2019 la reducción fue de medio millón.

La estructura de la sociedad mexicana tiene también cambios acelerados. En el 2000 se registraron 707,000 matrimonios, mientras que en 2019 se registraron poco más de medio millón. Y el número de divorcios en ese mismo periodo se multiplicó por más de tres. Y la tasa de fecundidad, que en 1999 era de 2.86 hijos, se redujo a 1.88 hijos diez años después.

La visión que teníamos sobre el crecimiento poblacional que deterioraba las condiciones de vida y favorecía la pobreza, fue cierta mientras existió un crecimiento explosivo de la población en distintas partes del mundo. Hoy, estos fenómenos solamente se presentan en algunos países, siendo los más relevantes la India y Nigeria.

Para países como México, el fenómeno de contracción de la tasa de natalidad, sumada a la ampliación de la esperanza de vida, propicia un incremento del número de personas que están y crecientemente estarán en edades en que requieran transferencias de recursos estatales para su manutención; dadas las limitaciones históricas de los modelos pensionarios y de la deficiente estructura del empleo formal.

Si a ello se suma el que los recursos fiscales de personas físicas provienen fundamentalmente de las personas en edad laboral (y dentro del empleo formal), las tendencias descritas, sumadas a las deficiencias estructurales del empleo y de la recaudación hacen que dichos ingresos públicos recaigan en poblaciones proporcionalmente decrecientes respecto del total de habitantes.

A ello se sumarán los efectos, aun no dimensionados, derivados de la pandemia, con una probable contracción adicional en la tasa de natalidad y un cambio en la estructura de mortalidad, con fenómenos como la aparición de grupos de menores de edad huérfanos en situación de precariedad.

Igualmente, es evidente el incremento en la precariedad, ya de por sí grave y alarmante, de sectores de edad avanzada que, como resultado de la pandemia, perdieron los limitados recursos disponibles que tenían.

Si a ello se suman los efectos de salud que directa o indirectamente la pandemia acarreará, el escenario futuro es aún más complejo. Se requiere un análisis serio, integral, con bases científicas, no ideológico, para determinar cuáles son las alternativas reales que permitan enfrentar estos retos y procurar un crecimiento económico más incluyente y que atienda los efectos de mediano y largo plazo que como sociedad enfrentaremos.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

Lee más de este autor