Hoy más que nunca el mundo necesita un organismo como el de Naciones Unidos (ONU). El pasado sábado cumplió 75 años. Es un adulto sabio. Y para que viva muchos años más necesita el apoyo de todas las naciones que la conforman.

En ocasiones, existe la sensación de que la ONU sufre de cierta soledad o abandono de parte de sus participantes. Las transformaciones geopolíticas que varias potencias están realizando hacen visible tales rasgos. No hay que dejar que eso ocurra, y lo tenemos que hacer de manera inmediata antes de que sea demasiado tarde.

La primera ocasión que se utilizó el concepto de “Naciones Unidas” fue en 1942. El presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt propuso una alianza conformada por 26 países a través de la Declaración de las Naciones Unidas.

En esencia, las misiones de la ONU y de la Unión Europea son similares. La primera nace durante la Segunda Guerra Mundial y su misión fue evitar que el mundo volviera a enfrentarse como estaba ocurriendo en esos momentos. La Unión Europea nace con el patrocinio de Francia y Alemania, dos potencias que tenían varios conflictos bélicos a través de la historia.

La ONU está compuesta por varios órganos de gobierno. Dos de ellos son la Asamblea General y el Consejo de Seguridad. Como sabemos, México participará en este último durante los dos próximos años bajo la conducción del doctor Juan Ramón de la Fuente.

Por otra parte, existen diversos programas, fondos y agencias que trabajan para llevar a cabo políticas en diversos ámbitos: salud (OMS), medio ambiente (PNUMA) e infancia (UNICEF) entre otras.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial (1918) se creó la Sociedad de las Naciones, sin embargo, despareció al no poder evitar la Segunda Guerra Mundial. Ahora, podemos asegurar que la ONU ha logrado disipar conflictos mayúsculos.

Esta última característica no es baladí. En ausencia de guerras no se suele valorar a los entes internacionales que procuran la paz.

La pregunta fundamental que subyace en la creación de instituciones internacionales a partir de 1918 es, ¿por qué razón una gran potencia necesita la existencia de algo como la Sociedad de las Naciones, más tarde la ONU. Recuerda Mark Mazower en su libro Gobernar el mundo que, a fin de cuentas, Hitler desestimó la idea misma de una organización internacional, y no faltaron actores políticos británicos y americanos que se mostraron de acuerdo con él al respecto. Pero al paso de los años, las virtudes que representaba la creación de nueva arquitectura multilateral, los estadounidenses, principalmente, comprendieron la enorme importancia de impulsar la creación de nuevos entes internacionales.

La nueva arquitectura detonó, entre muchos otros procesos, lo que hoy conocemos como globalización.

Hemos ingresado a lo que parece ser un largo paréntesis en nuestra cotidianidad debido a la pandemia y no sabemos cuándo saldremos de él.

Desde que inició la pandemia, hemos sido testigos de la enorme diversidad de estrategias, soluciones y acciones que han tomado presidentes y jefes de Estado. En algunos casos han logrado controlar el número de contagios, pero sobre todo, han minimizado el número de fallecimientos.

Lo que ha sido una constante, es que pocas veces hemos escuchado hablar a presidentes sobre las posturas de la Organización Mundial de la Salud. Tal pareciera que, al hacerlo, el mundo estaría venciendo al virus. Esto último es totalmente falso, nuestra cotidianidad sigue entre paréntesis.

Celebrar los 75 años de vida de la ONU amerita un análisis: ¿Qué mundo queremos para los siguientes años donde el cambio climático, las pandemias y la robotización demandarán soluciones globales?