Hay una carta que ilumina nuestro camino en momentos como este. Es la encíclica “Spe salvi” escrita por uno hombre fuera de serie, el Papa emérito Benedicto XVI. Dios nos ha bendecido con la vida y pontificado de un hombre que nos explica cómo revivir la esperanza para que nuestra vida siga teniendo sentido aún en medio del dolor y la oscuridad.

En su mensaje a los jóvenes del mundo en ocasión de la XXIV Jornada Mundial de la Juventud en 2009, el Papa Benedicto XVI lanzó estas preguntas: ¿Por qué estoy en el mundo? ¿Qué sentido tiene vivir? ¿Qué será de mi vida? ¿Cómo alcanzar la felicidad? ¿Por qué el sufrimiento, la enfermedad y la muerte? ¿Qué hay más allá de la muerte?

Reconociendo que son “preguntas apremiantes cuando nos tenemos que medir con obstáculos que a veces parecen insuperables: dificultades en los estudios, falta de trabajo, incomprensiones en la familia, crisis en las relaciones de amistad y en la construcción de un proyecto de pareja, enfermedades o incapacidades, carencia de recursos adecuados a causa de la actual y generalizada crisis económica y social”, el Papa nos lanza el desafío de ir más allá: ¿Dónde encontrar y cómo mantener viva en el corazón la llama de la esperanza?

El Papa emérito recordó que, cuando san Pablo se encontraba en medio de dificultades y pruebas, escribía a su discípulo Timoteo: “Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo” (1 Tm 4,10).

En su mensaje nos recuerda: “La experiencia demuestra que las cualidades personales y los bienes materiales no son suficientes para asegurar esa esperanza que el ánimo humano busca constantemente.” Tal como lo explica en su encíclica “Spe salvi”, la política, la ciencia, la técnica, la economía o cualquier otro recurso material por sí solos no son suficientes para ofrecer la gran esperanza a la que todos aspiramos.

“Esta esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar”. Por eso, advierte el Papa, “una de las consecuencias principales del olvido de Dios es la desorientación que caracteriza nuestras sociedades, que se manifiesta en la soledad y la violencia, en la insatisfacción y en la pérdida de confianza, llegando incluso a la desesperación.”

“Sabemos que el ser humano encuentra su verdadera realización sólo en Dios. Por tanto, el primer compromiso que nos atañe a todos es el de una nueva evangelización, que ayude a las nuevas generaciones a descubrir el rostro auténtico de Dios, que es Amor” afirma el Papa Benedicto. 

A quienes buscamos una esperanza firme, nos recuerda las mismas palabras que san Pablo dirigía a los cristianos perseguidos en la Roma de entonces: “El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rm 15,13).

Puedo constatar estas palabras pues durante este tiempo he experimentado la paz y la alegría aún en medio de la incertidumbre y el dolor que nos ha causado esta pandemia. Hagamos caso al exhorto del Papa Benedicto XVI: “Como Pablo, sed testigos del Resucitado. Dadlo a conocer a quienes, jóvenes o adultos, están en busca de la «gran esperanza» que dé sentido a su existencia. Si Jesús se ha convertido en vuestra esperanza, comunicadlo con vuestro gozo y vuestro compromiso espiritual, apostólico y social. Alcanzados por Cristo, después de haber puesto en Él vuestra fe y de haberle dado vuestra confianza, difundid esta esperanza a vuestro alrededor.”

Este es un gran momento para volver a Dios y dar testimonio de lo que el Papa nos recuerda: “El auténtico cristiano nunca está triste, aun cuando tenga que afrontar pruebas de distinto tipo, porque la presencia de Jesús es el secreto de su gozo y de su paz.”

Al final de su mensaje, el Papa emérito retoma las palabras de San Bernardo inspiradas en el título de María Stella maris, Estrella del mar: “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María... En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María... Siguiéndola, no te desviarás; rogándole, no desesperarás; pensando en ella, no te perderás. Si ella te tiene de la mano no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si ella te es propicia” (Homilías en alabanza de la Virgen Madre, 2,17).

Armando Regil Velasco es Presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

E-mail: aregil@ipea.institute

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.

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