En esta columna no podemos dejar de comentar el lamentable suceso ocurrido el viernes pasado en una escuela de Torreón que sacudió a todo el país y nos mostró la precaria acción preventiva para evitar tragedias como esa y la urgencia de propiciar -en serio- una cultura de la paz.

Como se sabe, un niño de once años llevó dos armas de fuego a su escuela, disparó contra una maestra e hirió a otras personas para luego suicidarse. El abuelo fue detenido por ser el propietario de las armas que utilizó el niño.

No es aceptable la explicación de que ese triste suceso se deba a una supuesta influencia por un videojuego. Poco se dice sobre la condición emocional en el ámbito familiar del niño derivada, entre otros factores, de la muerte de su madre y de la ausencia de su padre por razones de trabajo. Parece ignorarse que el niño es una de las víctimas de este lamentable evento.

Se ha dicho que el niño de sexto año vivía con sus abuelos, tenía buenas calificaciones y un comportamiento normal.

Es irresponsable enfocarse principal o solamente en los efectos de la descomposición del tejido social en vez de revisar las causas que propician incidentes tan lamentables, como el ocurrido en Torreón, y prevenirlos. También es grave el tráfico de armas que contribuye al ambiente de inseguridad que afecta al país todo.

Como comentamos en anterior entrega, la violencia es un fenómeno creciente en México. Cada una de sus entidades federativas, ciudades, poblaciones, comunidades, barrios y planteles educativos reflejan esta realidad. Las personas se enfrentan cotidianamente a conflictos dentro de su comunidad, ya que el conflicto es algo inherente a la interacción humana.

La forma de dirimir esos conflictos hace la diferencia, la mediación -insistimos- elimina toda forma de violencia y puede contribuir a prevenirla.

Es cada vez más frecuente que en las escuelas haya niños o jóvenes que se comportan agresivamente con sus compañeros y maestros, que venden y consumen drogas, que roban a otros estudiantes o que llevan armas escondidas, como ocurrió en el caso que se comenta.

La escuela se encuentra inmersa en el entorno de violencia que afecta al país, de tal suerte que se replica en las comunidades escolares y se presenta en varias expresiones que -sin duda- afectan la paz y el aprendizaje.

El Presidente López Obrador ha señalado, en torno al grave suceso en Torreón, que “se requiere atender las causas e incluso determinar efectos de la desintegración familiar”, lo cual es atinado pues no puede soslayarse que un número importante de conflictos que surgen en el ámbito familiar frecuentemente trascienden a otros ámbitos y viceversa. En el lamentable evento que nos ocupa, es evidente que el entorno familiar del niño trascendió a su ámbito escolar. La influencia recíproca que ejercen los distintos ámbitos en los que se desenvuelve una persona es irremediable.

Recientemente comentamos que la nueva Ley General de Educación da sustento y carta de naturalización a la mediación escolar, lo cual es una muy buena noticia. Sobre todo, porque es el punto de partida para el diseño de una política pública de gran calado que establezca programas de facilitación del diálogo y de mediación escolar como estrategia eficaz para reducir la violencia en las escuelas y para mejorar la convivencia de los actores en la vida escolar, de sus familias y de sus comunidades.

A lo largo de la Ley General de Educación se prevén propósitos, lineamientos y acciones dirigidos al crecimiento solidario de la sociedad; el bienestar y la transformación social; el fortalecimiento del tejido social, y la promoción de la convivencia armónica entre personas y comunidades.

Ya contamos con el fundamento legal para diseñar e implantar una vigorosa política de mediación escolar en beneficio de los estudiantes, sus familias y de las comunidades escolares, así como de los tejidos sociales de los que formen parte. Es urgente llevar al terreno de los hechos esas disposiciones programáticas para contar con mejores elementos para prevenir la violencia en las escuelas.

Con esta serie de artículos El Economista contribuye en la expansión y consolidación de una cultura de la paz.

*El autor es abogado y mediador profesional

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Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada