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Opinión

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La Cultura de la Paz, Propiciar la Concordia

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Pascual Hernández Mergoldd

Sin paz no habrá ni crecimiento económico ni mucho menos justicia.

Andrés Manuel López Obrador

Como efecto de la pandemia de COVID, que parece estar terminando, la mayor parte de los habitantes del país hemos tomado conciencia de lo que significa contagiarse. 

Es importante tener presente que existen otros tipos de contagio, no necesariamente en el ámbito de la salud, también los hay de carácter social tanto negativos como positivos.

En la arenga del pasado día 15 de septiembre, el mandatario incluyó tres expresiones: Muera la corrupción, muera el clasismo y muera el racismo que pueden ser interpretadas como una convocatoria a una mayor polarización, pues de manera cotidiana ataca a sectores de la sociedad, a legisladores de oposición y a periodistas, entre otros, con declaraciones racistas y clasistas, descalificación y exhibición de datos personales. Su efecto podría generar un contagio negativo.

Por lo que hace a la corrupción, la opacidad que impera en la aplicación de los recursos públicos y los señalamientos hechos en contra de colaboradores y familiares del presidente son cubiertos con un manto de impunidad que levanta fundadas sospechas. Además, su combate debe partir del individuo, del ciudadano, partir de la educación de niños y jóvenes para que se desprenda de la sociedad y del gobierno en sus diversas y múltiples expresiones.  

Así mismo incluyó las expresiones: Viva la libertad, viva la igualdad, viva la justicia, viva la democracia y viva la soberanía. 

Tristemente la libertad de cientos de miles de mexicanos es pisoteada por los cárteles del narcotráfico, el crimen organizado y otras organizaciones delictivas, que cada vez son más poderosas.

En materia de igualdad no puede ignorarse que en lo que va de esta administración nueve de cada diez familias son más pobres, lo que revela una perversa implantación de la igualdad que impulsa el presidente: todos más pobres.

La justicia se dificulta al lastimar al poder judicial, descalificarlo e invadir sus funciones. El mandatario declara sin pudor que los juzgadores son corruptos, descalifica a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y pretende imponer línea en las sentencias y definiciones judiciales.

La democracia está en riesgo, con el empeño e instrucciones del inquilino de Palacio Nacional se dirigen sus baterías a debilitar y destruir al INE, al que le asignan, en violación al marco legal, menos recursos de los que requiere su operación y con la intención de que se modifique la Constitución en materia electoral, para su desmantelamiento.

En torno a la soberanía, es un hecho que los cárteles del narcotráfico, el crimen organizado y otras organizaciones delictivas la han secuestrado en amplias zonas del país y suplantan al Estado con diversas acciones además de amenazar, cobrar derecho de piso, despojar, secuestrar, asesinar, masacrar, realizar actos terroristas y narcobloqueos, traficar con personas y desplazar de manera forzada que han dejado cientos de miles de víctimas. También controlan cada vez más actividades económicas como agricultura, pesca y comercio, entre otras.

En su discurso del 16 de septiembre el mandatario esbozó una ingenua propuesta, en relación al conflicto bélico que lleva más de seis meses en Ucrania, incluye la organización de un comité para el diálogo y la paz, el cual estaría integrado por los Jefes de Estado de la India y el Vaticano, así como por el secretario general de la ONU, también incluye una tregua de cinco años. 

Señaló el mandatario que “Sin paz no habrá ni crecimiento económico ni mucho menos justicia”. Sin embargo, ese pronunciamiento es de urgente atención en nuestro país. Nadie puede ignorar que se padece una situación de emergencia en materia de seguridad pública, principalmente por el fracaso de la estrategia de abrazos, no balazos, que ha propiciado un mayor poderío de los cárteles del narcotráfico, el crimen organizado y otras organizaciones delictivas en perjuicio de cada vez más mexicanos. 

Resulta curioso que proponga una tregua en el conflicto bélico en Ucrania, cuando en nuestro país no existen acciones tendentes a que se adopte una tregua entre los grupos delictivos en beneficio de la población. Tregua que podría construirse con un diálogo serio que aproveche la justicia transicional y la mediación.

La idea del presidente ya fue descalificada por el asesor del presidente de Ucrania por considerarla un plan ruso que sólo busca dar tiempo a Rusia para rearmarse en perjuicio de Ucrania, parece ignorar nuestro mandatario los esfuerzos de mediación emprendidos por el Secretario General de la ONU y el presidente de Turquía, que ya han rendido algunos frutos, como hacer posible la exportación de granos ucranianos.

También declaró el referido asesor ucraniano que “Los ‘pacificadores’ que usan la guerra como tema para sus propias relaciones públicas sólo causan sorpresa.”

No parece razonable que se pretenda que la ONU atienda la propuesta del presidente cuando recién desatendió la recomendación de esa institución global de evitar la militarización de la Guardia Nacional, a la que se sumaron sus legisladores, además de que han violado, otra vez, la Constitución. 

La entrega de la Guardia Nacional a los militares es una expresión de la derrota a la democracia y a la sociedad. 

La paz no puede construirse, alcanzarse ni apoyarse en la violencia. La violencia nunca conduce a la paz.

Ayer se recordaron las catástrofes que se vivieron con los terremotos de 1985 y de 2017. Para no olvidarlos, hubo otro temblor. En ambos acontecimientos, el de 1985 y el de 2017 pudimos experimentar extraordinarias experiencias de contagios positivos que mostraron una sociedad amistosa, hospitalaria, fraternal y solidaria en apoyo a los afectados para superar esas crisis. 

Hoy sabemos que podemos unirnos para hacer frente a situaciones que afectan a la sociedad y que juntos podemos superarlas, recuperar la cultura de la paz requiere de un enorme y duradero contagio positivo. 

Miedo, lo opuesto al amor, es una emoción desagradable provocada por la percepción de peligro. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza y su función es proteger a quien lo siente. 

El miedo avanza entre la población de nuestro país y se traduce en sufrimiento ante los crecientes riesgos de ser alcanzados por la abrumadora y progresiva violencia, en todas sus expresiones, derivada de una fallida estrategia de seguridad pública.

No debe ignorarse que el miedo es una fuente de conflictos, cuando se teme por la integridad física; la vida personal o de los seres queridos; la pérdida del empleo; la pérdida del patrimonio; la pérdida de la salud, y la invasión de pueblos por delincuentes, entre otras amenazas. 

Estamos obligados a evitar que en el país en el que vivirán nuestros hijos y nietos sigan avanzando la brutalidad, la inequidad y el salvajismo, es por ello urgente e indispensable la recuperación de una cultura de la paz que propicie la concordia, ello sólo es posible con un contagio positivo que generalice la práctica del diálogo en todos los ámbitos de interacción social.

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

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