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La Cultura de la Paz, Mediación Policial

No estoy contra la policía; simplemente le tengo miedo.
Alfred Hitchcock
En 1983, como parte de una política de descentralización de la vida nacional y para reconocer que los municipios habían sido paulatinamente desplazados en sus funciones por la federación y por los estados, se reformó y adicionó la Constitución para fortalecerlos. El artículo 115, en su fracción III, establece desde entonces qué funciones y servicios públicos tendrían los municipios a su cargo entre los cuales aparecen los relativos a la seguridad pública. Se trata de una función básica del Estado a cargo de la federación, de las entidades federativas y de los propios municipios, en este caso de policía preventiva y de tránsito. Lamentablemente en la mayoría de los municipios se trata de letra muerta al no contar, principalmente, con los recursos financieros, materiales ni humanos indispensables para atender tan básica y fundamental función o por la contaminación de sus cuerpos policiacos por criminales.
Los fines de la seguridad pública, según el artículo 21 de la propia Constitución, son salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las personas, así como contribuir a la generación y preservación del orden público y la paz social. Sin embargo, como resultado de la política gubernamental “abrazos, no balazos” han ido en aumento las tensiones en diversos ámbitos de interacción social en todo el país que afectan a cada vez más personas, más familias, más poblados, más actividades productivas y prácticamente a todos los sectores de la sociedad con espirales de violencia que se traducen en asesinatos, secuestros, cobros de “derecho de piso”, desplazamientos forzados y polarización. De tal suerte que el miedo ha venido avanzando en el territorio nacional, se apodera de cada vez más habitantes de nuestro país y se traduce en sufrimiento ante los crecientes riesgos de ser alcanzados por la abrumadora y progresiva violencia, en todas sus expresiones, como actualmente ocurre en Chiapas.
Parece ignorarse que todos tenemos derecho a una vida libre de violencia, por ello resulta importante recordar que la policía está llamada a ser la institución garante de la seguridad ciudadana por excelencia y que es urgente restaurarla, sobre todo a nivel municipal, para que actúe y se adapte a estos nuevos tiempos de movimientos sociales, crisis, cambios continuos y demandas de esta nueva ciudadanía, diversa, activa, participativa, atemorizada y exigente.
El trabajo de la policía -delicado sin duda- no ha de terminar en ofrecer seguridad, sino que ha de contribuir en la recuperación del bienestar de la ciudadanía, participando en la reconstrucción del tejido social y la mejor manera de hacerlo es con la participación de esos mismos ciudadanos que piden y reclaman a sus gobernantes sus derechos de manera participativa. Sobre todo, si tenemos en cuenta que los policías con su presencia diaria en comunidades, barrios y colonias son la primera autoridad en estar en contacto con los habitantes y con problemas locales como infracciones administrativas, conflictos comunitarios y delitos.
La mediación policial, que forma parte de la mediación comunitaria, es una opción que se ha propuesto en diversas oportunidades, se aplica exitosamente en otras latitudes, es de carácter preventivo y busca propiciar las condiciones para una convivencia pacífica con base en el diálogo, el respeto y la tolerancia para que los ciudadanos en disputa por intereses propios o colectivos puedan construir acuerdos que contribuyan a la recuperación del tejido social.
La forma de gestionar, prevenir y resolver esos conflictos hace la diferencia. La mediación -insistimos- previene, reduce y puede eliminar toda forma de violencia.
Un caso que promete ser de éxito en materia de seguridad pública es el “Modelo de Policía de Proximidad” que se puso en marcha en el municipio de Corregidora del estado de Querétaro el pasado mes de junio. Su denominación no ilustra sobre su alcance, sobre todo a partir de las nuevas tareas que se les han asignado a los policías municipales, entre las que destaca la de solucionar conflictos ciudadanos, dada la capacidad de los policías de proximidad para mediar, facilitar el diálogo y la definición de acuerdos.
Los policías municipales de Corregidora, actuando como mediadores, propiciarán no sólo la gestión, prevención y solución de conflictos, también podrán evitar que esas controversias escalen y desemboquen en la comisión de delitos y, si fuese el caso, están facultados para levantar la denuncia electrónica en el lugar de los hechos, así como para el uso legal de la fuerza pública y para la investigación de los delitos en el ámbito de la justicia penal.
En el ejercicio de la función de mediador el cuerpo de policías municipales de Corregidora, al participar proactivamente en la solución de conflictos, serán una opción real para contribuir a restaurar el tejido social y para recuperar la vida en armonía al procurar la convivencia comunitaria y vigilar el cumplimiento de las normas jurídicas en la convivencia comunitaria.
Debe reconocerse, sin embargo, que la mediación policial no es una panacea universal pero sí tiene la posibilidad de propiciar el cambio para trabajar la prevención. Por ello insistimos en proponer que más policías municipales y estatales, así como agentes de la Guardia Nacional, adopten estrategias similares a la que se comenta en beneficio de la sociedad.
Algunas de las ventajas de la mediación policial consisten en el aumento en la capacidad de prever, reducir, manejar y propiciar la solución de los conflictos de la comunidad.
Una de las tareas primordiales y más difíciles es la resolución de los conflictos que ponen o pongan en riesgo la armonía, la cordialidad y la sobrevivencia del tejido social de que se trate.
El aprovechamiento de la mediación, que es un movimiento humanizador y democratizante que impulsa la cultura de la paz, puede propiciar de manera creciente la solución sana de las controversias que agobian a todos, razón por la que debe adoptarse en los programas y acciones de seguridad pública.
Es muy recomendable que hagamos de cada conflicto una oportunidad para ser mejores y en consecuencia para consolidar la concordia.
Son tiempos de acabar con las disputas.
*Abogado y mediador profesional,
Twitter @Phmergoldd

