Los gobiernos deben escuchar las preocupaciones de la gente y proteger y promover los estándares de vida de la clase media.

José Ángel Gurría

El Presidente ha enfilado sus baterías contra las clases medias y les acusa de querer triunfar a toda costa, como si el deseo de mejorar las condiciones de vida personales y familiares fuera un pecado.

La clase media, según el inquilino de Palacio Nacional, la integran personas egoístas, clasistas, racistas, hipócritas y con actitudes “aspiracionistas”.

Su coraje se debe a que muchos de sus integrantes no votaron por su partido. Quizás debiera preguntarse ¿Por qué habrían de votar por el partido oficialista que les ha dado la espalda durante su gestión? ¿Por qué votar por Morena si no los ha incluido en sus planes ni en sus programas?

El Presidente ha sido descalificado por la mitad de los electores, sobre todo en el Valle de México.

Confiamos en estar en el umbral de una nueva transición democrática que signifique la consolidación de las instituciones, del equilibrio de poderes y de una sana pluralidad. La ciudadanía -con su voto- ha diseñado equilibrios y exige el diálogo y la cordialidad que nos dirija a un estadio de bienestar en un entorno de cultura de la paz.

La sociedad mexicana pasó, en pocas décadas del siglo XX, de ser mayormente rural con campesinos y hacendados, a una sociedad urbana integrada por obreros y por una naciente y creciente clase media, compuesta por personas con un espíritu de superación, educadas, formadas profesionalmente, que lograron vivir con mayores comodidades y que pudieron construir sus respectivos patrimonios familiares. Su consolidación fue posible por las políticas incluyentes y el apoyo de los gobiernos del siglo pasado, así como por el crecimiento y el desarrollo económico. Nuestra clase media se compuso inicialmente por quienes encontraron oportunidades en la educación pública, acceso a la cultura, a los servicios de salud, a la información y a trabajos profesionales.

En la clase media, sus integrantes educan a sus descendientes en la necesidad de estudiar y de prepararse para acceder a más y mejores oportunidades de desarrollo. Así surgieron nuevas empresas familiares, negocios y servicios profesionales, así como la demanda y la oferta de productos y servicios, también de mejores viviendas.

La aportación de las clases medias al desarrollo nacional es indiscutible en todos los ámbitos. No es justo soslayar que las clases medias son los permanentes causantes cautivos para el fisco y el sostén de las clases menos favorecidas, que casi no pagan impuestos, así como del sector más pudiente, que suele practicar la elusión o la evasión fiscal.

La clase media es productiva, creativa, emprendedora, esforzada, genera empleos y paga impuestos. Efectivamente, ha logrado mejores condiciones de vida, principalmente como resultado de su trabajo sustentado en su formación académica y en su espíritu de superación.

La inversión de la clase media en educación, salud y vivienda, su apoyo a los servicios públicos de buena calidad, su intolerancia a la corrupción y su confianza en los demás y en las instituciones democráticas, son las bases del crecimiento inclusivo que tanta falta hace en nuestro país.

Los “aspiracionistas” desean tener a un Presidente que actúe como estadista y no sólo como activista de su movimiento político; que NO divida más a los mexicanos con su lenguaje de odio, y que deje de denostar e insultar a quienes legítimamente aspiran a vivir mejor, a seguir estudiando, a seguir construyendo una cultura de la paz para poder vivir en un ambiente de concordia.

Debe recordar el inquilino de Palacio que es el burócrata de más alto rango y que está al servicio de todos los mexicanos, no sólo de sus seguidores.

Los integrantes de la clase media difícilmente son personas sujetas a la manipulación, todo lo contrario, suelen ser más reflexivos en sus decisiones. También han demostrado su generosidad y solidaridad con las víctimas y afectados por desastres naturales.

En todo caso este grupo de mexicanos tiene mayor capacidad que otros, más amplios y socialmente deprimidos, para hacerse escuchar y, por supuesto, sus metas no son ni la ignorancia ni la pobreza.

Sin embargo, no se puede ignorar que, de acuerdo con un informe de la OCDE, las clases medias están disminuyendo en todo el mundo, Lamentablemente México no es la excepción. Como se sabe, debido en mucho a la crisis económica propiciada desde el 2019 por el actual gobierno, agudizada por la pandemia del Covid 19, la clase media ha sido lastimada severamente y ha arrojado a la pobreza a casi 10 millones de sus integrantes y una de cada cinco de sus empresas tuvieron que cerrar y dejar sin ingresos a quienes fueron sus empleados. No hubo apoyo gubernamental, salvo algunos centavos a muy pocos microempresarios. Parece ignorarse que esta situación podría tener serias consecuencias para el crecimiento económico y para el tejido social de nuestro país.

Más que regalar recursos fiscales, debemos impulsar la capacitación para el trabajo y para la vida de las personas menos favorecidas, sólo así saldrán de su estado de pobreza y se restaurará su legítima ambición de generar riqueza y bienestar personal y para sus familias. Todo indica que al gobierno actual le preocupa sacar a la gente de la pobreza ya que “al llegar a la clase media se les olvida de dónde vienen”.

Más que golpear cotidianamente a los supuestos opositores del Presidente, urgen medidas para que demos pasos hacia adelante, no hacia atrás.

Si nuestra pretensión es que todos vivamos mejor en un ambiente de solidaridad, respeto, concordia y de dialogo, debemos apostarle a generar una verdadera cultura de avenencia en la sociedad e involucrarla en la cultura de la paz.

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

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