Buscar
Opinión

Lectura 6:00 min

La Cultura de la Paz, Debilitar la División de Poderes

main image

Pascual Hernández Mergoldd

La descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado.

Montesquieu

A lo largo de la historia moderna el naufragio o debilitamiento de las democracias se ha presentado como antesala de gobiernos autoritarios, dictaduras y tiranías a partir de la adopción de medidas para neutralizar y controlar a los poderes legislativo y judicial, así como a otras instituciones de contrapeso, acciones que pueden describirse como golpes de Estado desde el poder, sin que necesariamente se presenten actos de violencia, trifulcas o enfrentamientos armados. Su resultado –irremediablemente- es la represión de pueblos completos y la eliminación de la cultura de la paz.

Ahora mismo podemos darnos cuenta del debilitamiento de la división de poderes y del desmantelamiento de instituciones autónomas en Turquía, Hungría y Rusia, para eliminar el necesario contrapeso del poder judicial y la organización imparcial de sus procesos electorales. Sus respectivas elecciones han dejado de ser libres y justas. 

Los gobiernos autoritarios y dictatoriales de América Latina han aplicado similares medidas que, tristemente, han tomado a los habitantes de sus respectivos países como rehenes, los han depauperado y les han restringido sus libertades, además de distorsionar a los tejidos sociales de sus naciones. Por eso no deben sorprendernos las grandes migraciones para huir de sus países, a pesar de poner en riesgo sus vidas.

Es triste observar como la todavía nueva democracia rusa, luego de la caída de la URSS, ha sido objeto de un constante proceso de manipulación impulsada por su actual presidente, quien hace poco más de un año, quizás para tener una bandera política para volver a reelegirse, tomó la decisión de invadir Ucrania de manera abusiva y deshumanizada.  

Por su parte, el presidente chino ha sido reelecto para un tercer mandato de cinco años con el voto unánime de los integrantes del poder legislativo de su país, en una operación que ha sido calificada como un intento de legitimación de un régimen autoritario que descalifica las democracias occidentales.

El recientemente reelecto premier de Israel se ha propuesto, utilizando la fórmula del mayoriteo legislativo, debilitar a su poder judicial con una reforma para seleccionar jueces y tener facultades para desestimar o anular decisiones de su suprema corte. 

En todos los casos en los que se han aplicado medidas de desmantelamiento de los contrapesos institucionales, que son una especie de golpe de Estado, los gobernantes se han basado en la aprobación de leyes y la expedición de decretos para dotar a esos gobiernos autoritarios o dictatoriales de facultades que diluyen sus restricciones y neutralizan los necesarios contrapesos, so pretexto de impulsar y aplicar reformas necesarias, según ellos “por el bien del pueblo”, asumiendo de manera irracional que ellos -los gobernantes- son la personificación de sus pueblos y naciones.

Como hemos dado cuenta en oportunidades anteriores, en México estamos frente a los embates y embestidas que se diseñan desde Palacio Nacional para socavar a nuestra Suprema Corte; acabar con los organismos autónomos, y someter al INE, en este caso para debilitar la organización de las elecciones y poner en grave riesgo a la democracia mexicana. 

Estamos inmersos en una debacle que incluye un constante ataque y debilitamiento al Estado de Derecho. 

En el caso del Poder Legislativo, el inquilino de Palacio Nacional lo subordinó a su voluntad al imponer a sus legisladores una férrea y ciega lealtad con lo que ha logrado la aprobación de contrarreformas y ocurrencias legislativas carentes de análisis de especialistas, como las que ya han sido declaradas inconstitucionales por el Poder Judicial. Confiamos que ello ocurra con el denominado “plan B” en materia electoral, del que ya hemos dado cuenta anteriormente. 

El Congreso de la Unión -institución llamada a velar por la integridad republicana- hizo suyas reformas que revelan que la “transformación” que impulsa la 4T consiste en un asalto institucional para destruir al país.

Recordemos que en la legislatura instalada en 2018 los partidos oficialistas alcanzaron una mayoría calificada en la Cámara de Diputados que no pudieron conservar en las elecciones de 2021. 

Algo muy grave que ocurre desde el inicio de la gestión del actual gobierno, es la decaída en la creación de capital humano al otorgar servicios de salud insuficientes y de mala calidad, así como una educación deficiente e inapropiada para la era del conocimiento, la información y el mundo digital en la que vivimos. Tampoco ha garantizado la seguridad de los habitantes del país, todo lo contrario. 

No contamos con mecanismos institucionales que den certidumbre a los ciudadanos, a los inversionistas ni a los futuros mexicanos. Esta situación es totalmente contraria a lo que ofreció el mandatario en cuatro prioridades: crecimiento económico, reducción de la pobreza, combate a la corrupción y disminución de la desigualdad. En vez de eso, amplios sectores del tejido social, que no comulgan con él ni con los nulos resultados de su gobierno, sólo reciben insultos. En la lógica del presidente, quien no está con él es corrupto y, según su razonamiento y sus declaraciones cotidianas, hay millones de mexicanos que son sus enemigos y, como cree que personifica a la Nación, no ha reparado en sostener que son traidores a la patria. Posición de intransigencia que deteriora el tejido social y diluye la cultura de la paz.

Ante el fracaso de diversos intentos de desmantelamiento, el mandatario, al suponer que las elecciones de 2024 puede ganarlas su movimiento y que el próximo presidente sería su títere, ya declaró que quien lo suceda habrá de terminar con su perversa política de destrucción que incluye las reformas que sean necesarias para realizar una “limpia de corrupción” en el Poder Judicial y desaparecer a los organismos autónomos. Aspira a “transformar” nuestra democracia en una tiranía.

Es responsabilidad de todos detener la violencia, el acoso y las malignas manifestaciones que afectan crecientemente a mujeres y a diversos sectores de nuestro tejido social. Restauremos la cordialidad en un marco de cultura de la paz.

*El autor es abogado, negociador y mediador.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete