Los que no se mueven, no se dan cuenta de sus cadenas. 

Rosa de Luxemburgo

Hemos comentado a lo largo de esta serie, desde diversas perspectivas, que la cultura de la paz tiene su punto de partida en la dignidad de las personas e implica el respeto a los Derechos Humanos. 

En la cultura de la paz nadie ha de ser excluido, sólo la violencia. Implica el aprendizaje para utilizar el diálogo que conduzca a la resolución pacífica de conflictos y debe centrar su atención en las necesidades y aspiraciones de las personas, de sus comunidades y de sus pueblos.

La Declaración de la ONU sobre la cultura de la paz, adoptada en 1999, establece que se trata del conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida basados principalmente en:

  • El respeto a la vida, la condena de la violencia y la promoción de la práctica de la no violencia a través de la educación, dialogo y cooperación.
  • El compromiso de arreglo pacífico para resolver los conflictos.
  • El respeto y promoción de los derechos de cada individuo a la libertad de expresión, opinión e información.
  • La adhesión a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento en todos los niveles de la sociedad y animados por un entorno nacional e internacional que favorezca la paz.

Es por todos conocido que el pueblo cubano está agotado del sometimiento y represión del gobierno autoritario impuesto hace poco más de sesenta años, que desde su origen viola los elementos recién enlistados. 

Si la situación del pueblo cubano fuera de bienestar, no se entenderían las protestas. 

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard en sesión del Consejo de Seguridad de la ONU celebrada el 16 de julio pasado, condenó el bloqueo económico, comercial y financiero y expresó la oposición del gobierno mexicano al bloqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba. 

También expresó su preocupación por las condiciones humanitarias que padece el pueblo cubano, sin reconocer que ese sufrimiento es el resultado de una feroz y longeva dictadura que significa altísimos costos para los habitantes de la isla.

Debemos reconocer que no se trata de un bloqueo, sino de un embargo que dista de haberse aplicado de manera autoritaria. Conforme a los registros históricos, dicho embargo fue la reacción a las expropiaciones de empresas norteamericanas ejecutadas en 1962 por el régimen castrista.

Según la dictadura cubana, que obviamente culpa a otros de la precaria situación de su pueblo, la razón de los problemas en la isla se deben al referido embargo. Lo curioso es que, al mismo tiempo, el régimen dictatorial se ha opuesto reiteradamente a la globalización económica. Si la globalización resulta perjudicial, como afirma, ese aislamiento debería ser una ventaja para la isla.

El embargo económico en realidad se ha diluido. Cuba tiene relaciones comerciales con aproximadamente setenta países, Estados Unidos entre ellos. De ese país norteamericano, Cuba importa alimentos y medicamentos con valor de más de doscientos millones de dólares, además de que familias cubanas reciben más de tres mil millones de dólares en remesas anualmente. 

Bloqueo es lo que han sufrido y sufren los cubanos por el gobierno dictatorial que no permite el ejercicio de sus libertades, por ejemplo, la realización de actividades productivas, de tal forma que quienes legítimamente desean generar ingresos propios para vivir mejor, no pueden hacerlo. Esa prohibición a una libre empresa ha obstaculizado severamente la construcción de una economía que generaría riqueza, empleos y bienestar general.

Como en Cuba, hay otros casos en Latinoamérica que han implantado remedos de regímenes comunistas que no pasan de ser fachadas que sólo pretenden el poder por el poder sin ideología alguna, que utilizan a la población más desfavorecida como instrumentos de sus propósitos y como carne de cañón. Ahí están Bolivia, Nicaragua y Venezuela países que han atrapado a sus habitantes en una pobreza extrema favorecida por sus propios gobiernos que también limitan sus libertades y censuran a sus medios de comunicación. No será extraño que el entrante gobierno peruano adopte un modelo similar.

Nadie ignora que nuestro gobierno y destacados correligionarios y medios afines al Presidente, han mostrado simpatía por el régimen dictatorial cubano y por las otras dictaduras latinoamericanas, así como su deseo de imponer un régimen similar en nuestro país. Por ello no sorprende que no se haya condenado la represión contra miles de manifestantes en Cuba. 

Se sabe que la dictadura cubana aplica cotidianamente actos de censura como el bloqueo del internet para evitar la difusión de la información e imágenes que dan cuenta sobre las masivas protestas que ocurren en Cuba. 

El pueblo cubano está cansado de la dictadura, de que el régimen decida el porvenir del pueblo, de que se le niegue el voto democrático, de padecer hambre, miseria y represión entre otras frustraciones. 

Los cubanos aspiran legítimamente a un nuevo comienzo y debiera interesarnos a todos, pues cada uno de nosotros puede contribuir a su realización. 

Los gritos de “patria y vida” en favor de la libertad del pueblo cubano merecen ser escuchados y atendidos para que se den las condiciones que le permitan construir un futuro en el que la paz y la no violencia sean una realidad para todos.

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

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