El arma más potente no es la violencia sino hablar con la gente

Nelson Mandela

Es más fácil cambiar el statu quo en tiempos de crisis que en tiempos normales. En tiempos de crisis como los del Covid-19 todos buscamos cualquier cambio para superarla. Muchos estamos dispuestos a dejar la zona de confort para salir adelante.

La violencia no se detiene, solamente la semana pasada el Secretario de Protección Ciudadana de la Ciudad de México fue víctima de un grave atentado perpetrado por la delincuencia organizada. Hubo varios muertos, entre ellos una joven mujer trabajadora que estuvo en el lugar equivocado en el peor momento, en camino a su negocio.

Buscar romper la red delincuencial tiene sus costos y el reto al que se enfrenta la policía, integrada por hombres y mujeres, es descomunal.

La policía, institución garante de la seguridad ciudadana por excelencia, ha de evolucionar y adaptarse a estos nuevos tiempos de ataques del crimen organizado, movimientos sociales, crisis, cambios continuos y demandas de esta nueva ciudadanía, diversa, activa, participativa y exigente.

Es evidente la necesidad de que quienes nos protegen formen parte de una fuerza policial profesional, capacitada, articulada y equipada. Sabemos que no es común que esas labores se realicen en condiciones salariales dignas y suficientes, eso debe superarse.

En la Ciudad de México, desde hace varios años, los policías propician el contacto con los vecinos de sus cuadrantes para atender solicitudes de los ciudadanos para auxiliarlos y problemas entre personas. Esa vertiente ha de profesionalizarse, una opción real y accesible es conocer y aprovechar la mediación.

Ante una conducta violenta la persona afectada puede solicitar el auxilio de los elementos de seguridad pública quienes tienen la obligación de intervenir para detener la agresión. Esa intervención preferentemente, como lo hemos sostenido, debiera estar a cargo de mediadores policiales. Algunas de las ventajas de la mediación policial consisten en el aumento en la capacidad de prever, reducir, manejar y propiciar la solución de los conflictos de la comunidad. La adopción de la mediación policial habría de ser expresamente regulada en el marco normativo aplicable.

Con la mediación es posible la gestión del conflicto que afecta a las personas, les enfrenta y contribuye a la transformación de ese conflicto a través de un contagio positivo.

En estos tiempos del Coronavirus la mayor parte de los habitantes del país hemos tomado conciencia del contagio, en este caso de la grave enfermedad que se transformó en pandemia. Existen otros tipos de contagio, no necesariamente en el ámbito de la salud, también los hay de carácter social tanto negativo como positivo.

Recordemos la teoría de las ventanas rotas, que es una teoría sobre el contagio negativo de conductas inmorales o incívicas, así se facilitará –a contrario sensu— entender el contagio positivo.

El experimento consistió en abandonar un coche en las descuidadas calles del Bronx de Nueva York y luego otro en Palo Alto, California, de un nivel socioeconómico privilegiado; con las placas arrancadas, las puertas abiertas o la carrocería golpeada. El propósito era ver qué pasaba. A los pocos minutos en ambos casos, inició el robo de las partes de cada coche y a los pocos días el coche estaba totalmente destruido.

Ese experimento es el que dio lugar a la teoría de las ventanas rotas. Se trata de que en un edificio apareció una ventana rota, y no se reparó pronto, inmediatamente el resto de las ventanas acabaron siendo apedreadas por los vándalos. Ello ocurrió porque la ventana rota envió el mensaje de que ahí no había nadie que cuidara de ese inmueble. Se parece mucho a la impunidad. Una vez que se empiezan a desobedecer las normas que mantienen el orden en una familia, una escuela o comunidad y se deja de respetar el derecho o la propiedad ajenos, el orden como la familia, la escuela o la comunidad empiezan a deteriorarse, usualmente de manera sorprendentemente rápida.

En México hemos sido testigos de casos importantes de contagio positivo. Las catástrofes que se vivieron con los terremotos de 1985 y de 2017 son ejemplos de ello en los que se mostró una sociedad amistosa, hospitalaria, fraternal y solidaria que se contagió positivamente, aunque sólo duró pocos meses ese contagio positivo, para apoyar a los afectados a superar esas crisis.

Si las conductas incivilizadas se contagian, como hemos recordado, el contagio positivo también es posible.

La cultura de la paz requiere de un mayor y duradero contagio positivo. El impulso a la mediación que han realizado tribunales, a través de sus centros o institutos de justicia alternativa, así como de mediadores privados permea en la sociedad con un gran esfuerzo. Aunque de manera lenta, pero con paso firme. Por ello debe continuarse, entre otras acciones, la difusión de lo que es y significa la mediación para la gestión, prevención y resolución de conflictos.

La mediación es una oportunidad que antes no existía de acceso a la justicia que siempre se ha percibido como algo lejano, difícil, costoso y distante para la gran mayoría de los ciudadanos. Si se tiene un conflicto que no puede resolverse directamente con el otro, la idea de involucrase en un juicio es parecida a la de entrar en un laberinto lleno de peligros y riesgos desconocidos.

La construcción de una cultura de la paz y de la concordia sólo es posible con un contagio positivo que generalice la práctica del diálogo en todos los ámbitos de interacción social.

Pascual Hernández Mergoldd es Abogado y mediador profesional.

 

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Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada